lunes, 12 de septiembre de 2011

Presentación del libro "Bajo cerezos en flor 桜の木の下で" por Juan Jabbaz.

Sobre «Bajo cerezos en flor», Gonzalo Maire, MAGO Editores 2011:

Por Juan Jabbaz

«El método cinematográfico es usado en las escuelas japonesas como elemento para la enseñanza de dibujo. ¿Cuál es nuestro método para enseñar a dibujar? Tomar cualquier pedazo de papel blanco delimitado por cuatro esquinas y rellenarlo. (…) Los japoneses emplean un método totalmente distinto: el alumno —con un cuadrado, un círculo y un rectángulo— encuadra distintos fragmentos de, por ejemplo, la rama de un cerezo. ¡Y encuentra una toma cinematográfica! El cine que se aproxima a ese método organiza la realidad por medio de la cámara, modelando un fragmento de aquella con el hacha de los lentes».
Serguéi Eisenstein

No cabe duda que Gonzalo Maire se ha educado en esa escuela oriental de la que nos habla Einsenstein. La escuela de la observación. Llegar a lo general reconociendo lo insignificante: Distinguir la importancia de la ración, su valor en lo que a primeras parece total e indivisible. Darse cuenta (para luego contarlo) que si no existiese ese fragmento mínimo, el Todo definitivamente sería imposible, inalcanzable. Ahí es cuando este poeta chileno —utilizando tintes nipones— nos reúne con la semilla de un cerezo cayendo, el último rocío antes de arrojarse del árbol, un té que nace hervido…

En «Bajo cerezos en flor» se nos sitúa delicadamente frente a imágenes que rescata del anonimato para darles voz, para proyectarlas en el imaginario del lector, el encargado de finalizar la obra a través de sus propios medios, que tienden (tienen) a ser los mismos que utilizó el poeta. Observación, meditación y proyección. El poema, así, se convierte en un ser vivo e independiente. Lo que hace que uno pierda la noción de quién es el creador de la obra, y realmente da lo mismo. Somos todos y el poema es uno, infinito. Va adquiriendo rasgos ajenos para hacerlos propios: El alma de las cosas, del autor y del lector se convierten en la suya.

Entender ración como un apócope de racionalidad puede ser una de las claves para adentrarse en la poesía de Gonzalo Maire, y más precisamente a este libro en particular, su primero. El otro día, en una entrevista que tuve la oportunidad de hacerle, estábamos abarcando las necesidades que generaron la escritura y publicación de «Bajo cerezos en flor» y también las necesidades que esta obra podría llegar a cubrir a través de la poesía, en un país tan occidental como Chile. Llegamos al punto en que le pedí que nombrara algunos de los elementos de la cultura japonesa que se podrían bien adaptar y adoptar en nuestra sociedad.

(En este punto debo aclarar que este ejercicio se hizo de una manera muy sutil, ya que Gonzalo encontraba que imponer cualquier tipo de comportamiento social o cualquier cosa que no estuviese en los códigos que actualmente se manejan en el país lo harían caer, a él o a cualquier autor que lo intentase, en una actitud netamente fascista, repudiable).

Destaco esta parte de la entrevista, debido a que el definir cuáles eran —para él— los elementos de la vida japonesa propicios para considerar, contribuirá a entender mejor la postura del autor y el proceso de trabajo y vida que lleva. Respondió:
      
«La cortesía y la prudencia son dos de ellos. Muchos creen que el exceso de ellos hace que los japoneses sean fríos, pero no lo veo de esa manera. Ellos no demuestran sus emociones, que es diferente a sus sentimientos. Nosotros somos personas que no nos sabemos controlar y hacemos estallar las emociones como un torrente, somos muy desequilibrados. El japonés es diferente, puesto que busca un equilibrio puede orientar sus sentimientos con más claridad y hermosura».

Son estos dos elementos: la cortesía y la prudencia, los que envuelven cada letra trabajada como un kanji en este poemario. Se reconoce un cuidado extremo del autor en el manejo de las palabras, de los conceptos. En la creación de ellas y en la ilustración de estos. Se me hace inevitable no mencionar las —constantemente citadas— palabras de Huidobro en su Manifiestos (Editorial MAGO, 2010) donde compara al poeta con un «pequeño dios». Acá Maire va más allá y reconoce, a través de la máxima del Yen, la posibilidad del hombre de crear vida y transmutar las cosas, y, ¿cómo lo hace?, lo susurra en la cita de un poema que leeré luego, donde trabaja la relación, el encuentro con una idea; el proceso de observación, meditación y proyección que mencioné antes. Un coito donde obviamente no participa solo la razón, sino que también los instintos, pero dirigidos a un objetivo claro: el poema. Estamos encontrándonos con el proceso de creación, un shodo occidental. Emoción y sentimiento, dosificados.

Fragmento de «Rinen (Idea)»   

¡Ah!
fue en ese relámpago que, por primera vez,
besé una idea:
Con mis dedos la acaricié de razón,
en el agua la unté de tinta y sello
y ella sin reclamar se desnudó para mí
como un caparazón de muchas cosas:
Vi su cuerpo abierto al hombre
lleno de encanto, de mañana, de copla…
-¡No te vayas!- le dije,
una vez ya hecho el amor:
Quédate en mi puño erecto,
en la comisura de los montes, bajo mi mano,
escríbete en ti y a mí

El libro está lleno de relaciones, o mejor, o también, de puentes que permiten que estas se produzcan. Con el transcurso de las páginas y de los versos se van reconociendo elementos propios de la cultura nipona que el autor va fusionando con raíces latinoamericanas. El libro, el autor y el lector se convierten en un puente intercultural elaborado a través de la poesía, de buena calidad, sólido, inédito y necesario. Creado al orden de cuatro puntos cardinales que en este caso vendrían a ser las estaciones del año, en estas, a través de lo erógeno del lenguaje (cualidad muy latina) nos paseamos, disfrutando y percibiendo: nuestro entorno, la búsqueda de la sabiduría, la relación con la muerte y el sentido estético.

Las posibilidades que presenta el vocabulario occidental necesariamente difieren con las que ofrece el japonés. Entonces, la relación amorosa entre lenguajes y estilos opuestos que realiza Maire se produce en base a estados afectivos. Donde el hablante —rito propio de la literatura— debe seleccionar la palabra y temática precisa, más cuando se ha propuesto el trabajo de importar estilos que no entraré a analizar deliberadamente, pero, que se caracterizan por estar regidos a la base de que cada verso contenga una cantidad de moras o sílabas determinadas. ¿Qué fue lo que hizo Maire? Me lo explicó el día que presentó el proyecto, antes de que lo leyera y me imaginara su amplitud. Se basó en el trabajo realizado por Luis de Góngora con el latín, para, por ejemplo, en el estilo Tanka, en vez de utilizar las sílabas determinadas, 5-7-5-7-7, usar la misma cantidad, pero de palabras. Sin alterar el fondo del estilo oriental, sin pasar a llevar tampoco la identidad del trabajo artístico que se realiza en esta parte del mundo. Una precisa occidentalización del estilo de vida y del arte japonés, o bien, una delicada orientalización del modo occidental.

Fragmento de Hashi (Puente de piedra)

¿Podías dos años imaginarte atrás
conocernos en un puente hecho de montaña?
¿Creerás que yo atravesé antes
las orillas confusas de la primera mañana?
¿Pensarías que en algún día
el agua construirá puentes y se lloverían?


sábado, 20 de agosto de 2011

Presentación del libro "Bajo cerezos en flor 桜の木の下で" por Eugenia Brito.


BAJO CEREZOS EN FLOR. GONZALO MAIRE. MAGO EDITORES 2011.

Es un placer para mí presentar este libro de Gonzalo Maire, su primer libro de poesía publicado por MAGO Editores. Desde los epígrafes, el libro revela su fuerte y profunda articulación con la poesía y el arte japonés:

“Cerezos en la noche:
si más me alejo, más
vuelvo a mirarlos”. Tomiyasu Fuusei

 “Revolotea,
arrastrada por las brisas,
la mariposa”. Masaoka Shiki.

Una de las aristas complejas de este poemario es la articulación de su poética: por un lado la forma que adopta su mímesis- su capacidad de nombrar las cosas, bajo el  artificio de cierta poética japonesa y por otro lado, la textura de su gramaticalidad, en la fase barroca, en la que se dan cita Luis de Góngora, Quevedo, el neo barroco latinoamericano y su rostro chileno, a la manera de Neruda, el Neruda de Canto General. Imágenes como “cascada aérea de la primavera” o “raíz perdida”, “cuello de mar”, dan cuenta de ese proceso, mostrando sus costuras, el hilván de los significados para precisar un mundo, en la primera parte del poemario: “Alegorías de la primavera”, cuya  poética se expresa en la imagen del laberinto desatado en una rama, que evoca la imagen gongorina de “mariposa desatada en cenizas”, de Luis de Góngora en su conocida Soledad I. En el poemario de G. Maire, el laberinto no se encuentra en las búsquedas vanguardistas a través de los pesados collages o en los montajes de tiempo y espacio o en la relación de tramos psíquicos o míticos o históricos, como lo hicieran las vanguardias; es más epidérmico y corporal, requiere sólo de una rama para emerger y  mostrar la fuerza de las cosas, cuando éstas acceden al nombre del que sólo dejan la huella de un cosmos, en cuya necesaria ausencia, los datos palpables son sensibles manifestaciones de un universo inestable y siempre en desgarro. La rama en Maire sostiene como sinécdoque los territorios desconocidos e inciertos del laberinto, uno de los núcleos de las poéticas latinoamericanas (Paz, Lezama Lima, Borges, Sábato, Carpentier y otros).

La enumeración unida ya por el significado semántico o por los  encadenamientos de los versos, sea por ritmo o por los sonidos fonemáticos, da origen a este conjunto de figuras que se yuxtaponen como modos de aproximación a un árbol, un centro que es núcleo de estos textos: el cerezo en primavera, como si su emerger florido presentificara alegóricamente, lo turgente y lo subrepticio a la vez de esta figura, como aparición sinecdóquica de lo “real”.
Ya el poema II, “Kanji”, da cuenta del sujeto, detrás del proceso escritural de ideogramas cuyo trabajo de inscripción se llama “shodo”. Es la textura, que la boca palpa sensual y sensible, de la que el poeta es testigo, es guarda, en el sentido del que cuida y conforma testimonio.
El proceso japonés, a la inversa del occidental encuentra el mundo expresado en lo sensible, mientras que el pensamiento occidental desconfía bajo la influencia platónica y neoplatónica de los cinco sentidos y del cuerpo, aquí ellos son el privilegiado manantial que nutre lo que llamaríamos con la tradición Cristiana: el alma o espíritu.
La hibridación de esta matriz se encuentra presente de pleno en el poema “Sake”, en ese Carpe Diem, cuya melancolía enhebra en compañía del ciruelo del agua y la embriaguez que le provoca su caída (p.16); en “Carta de Amor”, en donde el alejamiento del objeto de amor se muestra en la saudade de la escritura, en la que la imposibilidad del comienzo se cierra sobre el certero final, en un mundo en que la letra es el lugar por donde navega la península, significativa alusión al mestizaje que concluye, indeciso entre su propia subjetividad y la nada que sembró esta empresa, que haría desaparecer una buena cuota de los mundos simbólicos indoamericanos tanto desde la cruel conquista hasta la colonia latinoamericana y aún hasta hoy la debacle continúa en sus mortíferos gestos. 
En “Alegorías de Verano” (p. 37), el pincel, la herramienta de la escritura/ o quizá la del amor, siente la “afonía que tus piernas tocan de madre/ tus ojos dibujándose de vieja esclava”, en que los hipérbatos- las transposiciones del orden gramatical, se unen a las sinécdoques y metáforas para un poema erótico que se desliza en enumeraciones incesantes sobre el cuerpo de la amada. La retórica erótica sigue en Quitasol (p. 40) hasta dejar al sujeto recortado en un par de ojos que miran una mujer pasearse bajo su sombrilla. Este valor fetichista del objeto amoroso ensalza su poder seductor, sabe el valor preciso del detalle que ensalza y ama mientras el sol sigue en lo alto: “yo acaricio tus alas de pluma temblorosa/ tus dolores tranquilos digo nada, / nada entre arrozales  que viajan infinitos/ hasta el sosiego del cielo…” (p.42).
“Tren” (44-47), como conjunto el texto quizá más logrado en esta serie lleva al extremo las elipsis “cuando en tu frente la luz retumba/ como una escalera azotada de compacto marfil/ un revoloteo brillante de aliento/ en la juventud primera y amada”, sigue para decir “en ti palpita/ la guerra del infante y la mujer, /el tránsito terco, anual de los segundos/ y el nervioso deambular entre las infancias”. Los intersticios de una mirada casual siguen a una mirada más gradual e intensa en que el observador piensa en lo que ella observa y dice: “yo sólo por la frontera te reconozco, /silenciosa.... Alfarera del pausado tiempo”, el tiempo transcurre y el sujeto la recuerda, sin verla más: “que en un solo perfil: castaño”. Allí en la fluidez de la memoria, ella y él se funden: “Y  yo no sé que eras tú/ ni yo/ en la cadera que es vestida/ por túnica/ planeta o kimono” (p. 46- 47).
En “Alegorías de Otoño” (p. 57-73), se pregunta: “¿cómo tejiste el laberinto en tus brazos?”, pensando en el castillo Himeji, casi una oda a ese lugar. Una cintura leve lo conduce a pensar en el vacío desde donde “regreso como una sombra de asilo y eterno silencio” (p.61). La historia que “subió médula verde/ al relato en la cumbre de septiembre, mientras la tierra se envolvió de crisantemos/ y el crepúsculo se vistió de jardinero”, poema dedicado al Crisantemo.
 En “Puente de Piedra” (p71-72), las preguntas retóricas son parte de una interpelación sobre el escenario amoroso: “¿Cruzaríamos de la mano isla/ por isla cuando las almendras nos canten/ Sabes diferenciar entre la madera y la luz que no la curva?”, son algunas interrogaciones de las que el sujeto escucha y a las que contesta: “Ay, amor, si de mí te respondiera”. De modo que otoño es el mes de la melancolía, del peregrino que observa la mudanza de las cosas y esto hace que en el poema “Melancolía”, el sujeto portador del discurso se sienta ínfimo (p.73).
En “Alegoría de Invierno”, las dos orillas semejan dos montañas y los poemas, un canto de amor y despedidas, que cierran este texto. Así en “Yuigon” (p.86) dice: “Pasa por mi cuerpo de temblorosa vena/ hasta mi labio de frío,/ solloza la miel en mí de sangre/ en el cuerpo inútil, podrido/ que se desfigura en la sola desesperanza/ del dolor tuyo que despide mi carne”, por otra parte, el poema “Corazón” es la desesperación del adiós  con el que finaliza el texto.
En síntesis, en estos poemas que muestran la alegría del encuentro erótico, el desarrollo del amor y la reunión fugaz de los cuerpos hasta la separación, fluye el paisaje: las montañas, el mar, los ríos, la lluvia, los árboles, las flores, el viento; digamos, la naturaleza como medio expresivo y estetizado del universo en construcción. Desde una poética barroca, recorrida por el amor al mundo y la cultura japonesa aparece este texto, con un sujeto que a veces furtivo se desliza en una mirada, un ojo abierto, un pálpito, un rayo y en otras se enchancha adhiriendo a las primeras formas modernistas en América Latina y al gongorismo que las recorre y vertebra. Figura mestiza y ondulante; por un lado, mirada; por el otro sudor, sexualidad fina y ancha que busca el contacto con el objeto de amor y experimenta las emociones múltiples que tocan desde la observación encantada a la embriaguez; para pasar a la delicia del contacto, a la duda, la nostalgia, el presentimiento del adiós y la dura despedida en el invierno; todo ello estructurado en las cuatro estaciones, de acuerdo al modelo gongorino y la retórica renacentista, de las 4 edades del hombre: niñez, juventud, adultez, vejez.
Esta manera de trabajar en oblicuidad y con esta asimetría oscilante entre el mestizaje latinoamericano, y la delicada textura japonesa, construyen un laberinto textual en que quizá lo más misterioso sea la construcción del sujeto y la particularidad, la diferencia de su habla: alegórica del amor joven y de la sensibilidad japonesa hacia el paisaje y la música impresa en las preguntas y observaciones sobre un mundo en cambio, que no adhiere a las más desgarradas y hasta caóticas formas que han elaborado los artistas latinoamericanos: aquí el caos se aguarda y se configura como otra dimensión de la soledad, como la más antigua forma del laberinto que es el hombre cuando se instala   entre dos modos de aprehender el mundo, desde el habla, la visualidad y su silencio..

Eugenia Brito.
Agosto de 2011.



lunes, 18 de julio de 2011

Entrevista sobre el libro "Bajo cerezos en flor 桜の木の下で"

Entrevista a Gonzalo Maire, autor de «Bajo cerezos en flor»:

«Sería una lástima si percibiéramos todas las cosas limitadamente»

Por Juan Jabbaz


Gonzalo Maire tiene algo que decir y lo hace publicando su primer poemario, «Bajo cerezos en flor» (MAGO Editores 2011). Desde ahora sus palabras comenzarán a transitar en forma de versos por Santiago, de la mano de ciudadanos que difícilmente podrían distarse más del estilo de vida oriental que el autor nos muestra. Maire nos acerca sutilmente, interviniéndola con rasgos occidentales, una poesía caracterizada por la paciencia (paz y ciencia), y que viene a romper con todo aquello que vemos —¿(des)gracias? a nuestra mirada occidentalizada— como absoluto e indivisible. Le abre la ventana al lector para que éste se tome un tiempo y reflexione reconociendo la valoración de las partes. Es así como el poeta encuadra un fragmento de una rama o de una semilla cayendo, para ir adentrándose en lo general.

¿Por qué y para qué escribe Gonzalo Maire?

Yo escribo simplemente porque deseo escribir. Nadie me ha impuesto esta labor, ni he sido conducido a la hora de comenzar a esbozar una palabra, una idea —mínima que fuese— o un poema. Eso sí, han solidarizado conmigo muchas personas, con abundancia para que siga, pero escribo fundamentalmente por ímpetu personal. Pienso que ser poeta no es un trabajo para mí, no es un título obtenido a través de los libros, no es un cargo literario de los críticos o estetas, ni mucho menos una ocupación: por el contrario, pienso en él como un estado inherente al ser humano y, al mismo tiempo, me es prestado solo provisoriamente. Parece esta afirmación una contradicción a primera vista, y también un problema en el fondo: contradicción que este concepto de «poeta» pertenezca al hombre como algo tan propio, y a la vez un nombre prestado; es igualmente un problema en la medida que se piense en términos de la constitución última de la naturaleza humana. Sucintamente me referiré a ello.
El poeta usa sus adecuados medios para llevar a cabo su misión y yo los he ocupado de manera temporal. En ese aspecto cuando digo «escribo porque deseo escribir» no debe ser considerado como un mero capricho de mi persona, sino un principio: ser fiel a uno mismo como hombre. Yo aquí señalo la máxima de la cultura china que conduce todo mi trabajo, el Yen: la capacidad del hombre de crear vida y transmutar las cosas. Entonces, pues, diré que escribo porque intento ser fiel a mi naturaleza humana y la desencadeno al desarrollar mis inquietudes.
¿Para qué escribo? Escribo para que el por qué sea una consecuencia real, aunque sea destinada o leída por una sola persona. Y pagaré, tal vez, con un nombre prestado de poeta, pero sólo brevemente.

¿Podrías desarrollar un poco la idea de poeta como cargo prestado y temporal?

La razón está dada porque es el lector, junto con el campo de acción donde se desenvuelve el poeta, quienes determinan su condición. No soy poeta por mí, ni de acuerdo al por qué escribo ni el para qué, sino que fue porque otros así lo propusieron. Ese otro no sólo es quien asigna y construye constantemente el nombre de poeta en una persona, sino que bien puede arrebatárselo en determinado caso.

Ahora, yendo directamente a tu libro: ¿En qué consiste el proyecto poético de “Bajo cerezos en flor”?

«Bajo cerezos en flor» es una compilación de poemas con temas alusivos a la cultura japonesa ordenados según las cuatro estaciones del año. Esto es lo que lo define formalmente. Sin embargo, este proyecto poético se construyó tomando en consideración el trabajo de Luis de Góngora con el latín: así como él usó elementos propios de esa lengua y los inscribió en el castellano para sus creaciones literarias, yo he usado las diferentes estructuras compositivas japonesas para realizar los poemas, aunque ajustando y adecuando algunos elementos. Por supuesto que se trata de un proceso mucho más simple y modesto que el ejecutado por Góngora, pero fue éste quien me dio una nueva mirada de cómo acercar —provisionalmente— la poesía japonesa a una pluma occidental. De esta manera resultó que, por ejemplo, un poema japonés denominado Tanka ejecutado con versos de 5-7-5-7-7 sílabas, yo lo codifiqué a palabras, siendo ésta la unidad de medición de los versos, si bien un par de poemas son de métrica libre. Igualmente procuré respetar los elementos que debían estar presentes por norma en el poema japonés, así como todo aquello que estuviera dentro de los límites admitidos en nuestro idioma. Además, del Tanka, experimenté con el Sedoka, el Kakuta, el Chōka (mi preferido por la libertad de extensión) y, desde luego, el Haiku.

La obra artística generalmente viene a cubrir o a acusar necesidades, ¿qué fue lo que originó la creación de “Bajo cerezos en flor”?

Este proyecto surge a partir de una carencia: la insuficiencia de literatura —desde las disciplinas que sean— con tópico de extremo oriente, en particular de Japón, producida por personas no oriundas del archipiélago nipón. El material literario que transita consiste, generalmente, en traducciones o compilaciones de obras realizadas por autores japoneses —o extranjeros— sobre la cultura japonesa, más no realizada por nacionales. De todas maneras figuran excepciones, claro está, pero aun así el volumen publicado es escaso. Esto que digo en sí mismo no es un problema verdaderamente importante, como lo es, por el contrario, la nula contribución de un trabajo que asigne a una problemática —independiente del objeto del problema— un enfoque japonés (o del Lejano Oriente). En otras palabras, no es la constitución de un problema particular el pilar de este libro, sino, más bien, la perspectiva con que lo aborda.
Ante ello, este proyecto poético es, en efecto, la enunciación de una opinión sobre la cultura nipona deliberada por un chileno, que observa en ella las respuestas, las analogías y los debates que generan los problemas que atañen a su ser occidental. Estos problemas se desglosan en cuatro puntos: en primer lugar, la relación del ser con el entorno (la naturaleza y la sociedad), la búsqueda de la sabiduría y el cultivo de las virtudes, la relación con la muerte y, finalmente, la medida de lo pequeño y lo efímero (la estética), aspectos atribuidos a la amplia producción artística japonesa.

¿Existe el ideal de traer, a través de la poesía, algunos aspectos del estilo de vida oriental para mejorar el estilo de vida que se está llevando en esta parte del mundo?

Aprendí con la praxis universitaria que si uno pensara, siquiera, en proponer trasladar un conjunto de normas y comportamientos sociales ajenos a los que existe actualmente en Chile, tanto parcial como completamente, —independiente de la intención que se les quiera dar— es una circunstancia favorable para gritar a los cuatro vientos que el autor de esa idea tiene evidentes síntomas fascistoides. Podemos reflexionar dilatadamente las razones que estimulan a tal reacción colectiva. Y para bien o para mal, rehúyo de caer en esa situación.
Por lo mismo, también creo que es algo que no tiene rendimiento a nivel comunitario, a nivel social. Un discurso dispuesto para grandes masas de personas genera irremediablemente suspicacias respecto a los intereses del discurso y la recepción del mismo. En vez, sólo diré que mi intención como autor es servir al debate de cómo entendernos y pulirnos a nosotros mismos —no desde un punto de vista particular, como país, como chileno o como rol, sino respecto a nuestra constitución humana— desde una vertiente paralela y complementaria de pensarse culturalmente, a través de la tradición japonesa. Esto, sin embargo, entendiendo que la sociedad japonesa presenta valores y un estilo de vida propicios y viables de considerar en nuestra forma de ser, y que, por lo menos, debemos dar la oportunidad de hacer reflexión, sin eludir que también tienen sus defectos y sus vicios para nuestros ojos occidentales, que refrendan constantemente a los japoneses.
Por el contrario, sí considero que reflexionar en torno a valores y estilos de vida nipones pueda ser beneficioso en la medida que sea a nivel individual: porque todo aquello que es una herramienta para alcanzar un grado de sabiduría es bienvenido en el pensamiento de todo ser humano, y esto se consigue en una relación personalizada, individual, que posteriormente se vierte hacia un otro. Por tanto, reitero: yo ofrezco una opinión respecto a un evento, Japón, una perspectiva donde el lector deberá reflexionar y sostener en una balanza, de acuerdo a sus principios y máximas como ser humano, si la información valórica, estética, simbólica, cultural, etc., que se manifiesta en el libro está en sintonía con su pensamiento y, últimamente, decidir. Ese decidir resulta ser lo más importante de todo: es un pilar en la cultura japonesa, y particularmente en el arte japonés; puesto que finalmente es el observador, el receptor, quien concluye la obra —hecha a priori de manera acaba, imperfecta— cuando la indaga infinitamente y le otorga un sentido para él.

Para ti entonces, ¿cuáles serían esos elementos de vida propicios para considerar?

La cortesía y la prudencia son dos de ellos. Muchos creen que el exceso de ellos hace que los japoneses sean fríos, pero no lo veo de esa manera. Ellos no demuestran sus emociones, que es diferente a sus sentimientos. Nosotros somos personas que no nos sabemos controlar y hacemos estallar las emociones como un torrente, somos muy desequilibrados. El japonés es diferente, puesto que busca un equilibrio puede orientar sus sentimientos con más claridad y hermosura.

¿Con qué se va a encontrar el lector de “Bajo cerezos en flor”?

En pocas palabras, el lector se descubrirá con un libro de poesía que va siempre de lo particular a lo general: desde el título del libro, el nombre de los poemas, la temática, el contenido, etc. En muchos sentidos «Bajo cerezos en flor» sigue el encadenamiento que ha dejado la historia del arte japonés, a saber, que la obra artística es el comienzo, de modo imperfecto, abierto, incompleto, para la puesta en escena del rol del receptor activo, una figura primordial en el entramado artístico nipón, quien continúa la obra con su propia meditación. Lo mejor de todo es que ésta no se finiquita: sería una lástima si percibiéramos todas las cosas limitadamente.
Asimismo, anticipo que el lector de este libro se percibirá inmerso en una relación entre su propia integridad con la naturaleza, concebida de dos maneras adjuntas: como todo aquello que es descubierto por nuestros sentidos, lo sensorial, y como por aquello que está más allá de nuestro límites como seres vivientes, y en la misma abertura (sin nunca intuir completamente esa «cosa» desconocida que nos afecta todavía), nos constituye en unidades indivisibles, e íntegras, dentro de la multiplicidad de lo creado.

¿Podrías nombrar algunos autores, artistas u obras japonesas que hayan sido significativos para ti?

Respecto a autores japoneses, encarecidamente recomiendo a Matsuo Basho. Es un encanto revisar sus poemas haiku, por su simplicidad, calidez y virtuosismo, pero entre sus obras ensalzo «Las Senda de Oku»: una auténtica pieza testimonial de su vida y pensamiento. Definitivamente es una influencia a lo que pretendo alcanzar en esta vida. De la misma manera, Hagakure, un libro elaborado a partir del código de los samuráis, es una obra reveladora en mi formación. Allí se encuentran los principios de rectitud y honor aplicables a los guerreros japoneses, aunque bien es ampliable a todo ser humano.
Para finalizar, dejo un artista que no es literato, sino un actor, pintor y cineasta: Takeshi Kitano. De su extensa producción me ha producido gran afección la obra «Dolls», producida en el año 2002: si en mí el lector pudiese ver alguna señal o síntoma de suave angustia, pena o melancolía, créame que esa obra cinematográfica es mi ligadura directa. He dejado este film para el final porque lo considero una síntesis de las características innatas de la cultura y el arte japonés, así como de aquello que he expresado en esta entrevista.


viernes, 15 de julio de 2011

Lanzamiento del libro de poesía "Bajo cerezos en flor 桜の木の下で"

Mago Editores, el Museo La Merced, el Instituto Cultural Chileno-Japonés y la Fundación Chileno-Japonesa para la Cultura invita cordialmente a usted (s) al lanzamiento del libro de Gonzalo Maire "Bajo cerezos en flor 桜の木の下で", a realizarse el 11 de agosto de 2011 a las 19 hrs. en el museo La Merced, ubicado en calle Mac-Iver 341, Santiago Centro.
Presentan: Ariel Takeda, Eugenia Brito y Juan Jabbaz. 

  


domingo, 5 de junio de 2011

Japón en la Biblioteca Nacional


EVENTO INAUGURAL

Presentación de la Escuela de Ikebana Ohara Chile
Obra "Vivencias de Murasaki Shikibu"
Miércoles 8 Junio
19:00 horas/Sala América


CURSOS
Inscripciones en extension.cultural@bndechile.cl
Abierto a todo público, sin conocimientos previos, desde los 12 años.

1)Introducción al japonés:
Dictado por Haruko Tanida, profesora de idioma japonés.
18:30-20:00 horas/Sala Ercilla
20 cupos
11 sesiones
Fechas:
- Agosto: Martes 2, 9, 16, 23 y 30
- Septiembre: Martes 6, 13, 20 y 27
- Octubre: Martes 4 y 11

2) Caligrafía (Shodo):
Dictado por Tomo Takasaki, profesora de Idioma japonés y shodo.
18:30-20:00 horas/Sala Ercilla
15 cupos
10 sesiones
Fechas:
- Julio: Lunes 4, 11, 18 y 25
- Agosto: 1, 8, 22 y 29
- Septiembre: 5 y 12
Cada alumno debe traer los siguientes materiales:
- Pisa papel o peso para sujetar papel.
- Recipiente de loza para la tinta de más o menos 8 cm. de diámetro.
- Tinta china.

CHARLAS
1) Idioma Japonés: Dictada por María Soledad Sanhueza, profesora de escritura japonesa. Contenido: origen de la escritura japonesa, historia de la escritura en Japón y cultura (Siglo VI d.c.) y demostración de caligrafía.
Jueves 16 Junio
19:00 horas/Sala Ercilla

2) Historia del Japón: Dictada por Ariel Takeda, profesor de historia y autor del libro “Japoneses Chilenos”. Contenido: orígenes del "ser japonés".
Jueves 23 Junio
19:00 horas/Sala Ercilla

3) Música Japonesa: Dictada por Francisco López, profesor de música de la Universidad de Chile e intérprete de flauta Shakuhachi. Contenido: orígenes e historia, características según periodos, estilos de música Gagaku y Honkyoku, instrumentos originarios, música tradicional y religión, grandes maestros y audición de música en vivo y grabada.
Jueves 21 Julio
19:00 horas/Sala Ercilla

4) Historia del Arte: Dictada por Gonzalo Maire, historiador del arte de la Universidad de Chile. Contenido: conceptos teóricos y estéticos del arte japonés.
Jueves 18 Agosto
19:00 horas/Sala Ercilla

5) Manga: Dictada por Mauricio Catalán. Contenido: historia, principales exponentes y tendencias.
Viernes 5 Agosto
19:00 horas/Sala Ercilla

6) Literatura Japonesa Haiku: Dictada por María José Ferrada, periodista y Máster en Estudios Asiáticos de la Universidad de Barcelona. Contenido: antecedentes de una de las formas más tradicionales de la poesía japonesa, cuyos orígenes están íntimamente ligados a la llegada del budismo zen a Japón.
Viernes 2 Septiembre
19:00 horas/Sala Ercilla

TEATRO INFANTIL

1) Obra “1,2,3 ¿Fue un gigante?” del Colectivo Ajeno.
Cuenta la historia de una pequeña gnoma y su maestra, y de cómo estos personajes enfrentan un terremoto con la sabiduría que tienen los seres de la tierra.
Viernes 5 Agosto
16:00 horas/Sala América

PRESENTACIÓN ARTES MARCIALES
Bujinkan Chile
Miércoles 19 Octubre
Desde las 16:30 horas/Jardines de la Biblioteca Nacional


EVENTO DE CIERRE
Celebración de la 30° Competencia de Oratoria en Idioma Japonés
Jueves 20 Octubre
19:00 horas/Sala América

Para más información:
www.bibliotecanacional.cl
www.japones.cl

sábado, 19 de marzo de 2011

Mensaje del Excmo. Sr. Wataru Hayashi Embajador del Japón en Chile

El terremoto y tsunami ocurridos en Japón el día 11 de marzo fueron de una magnitud mucho más allá de lo imaginable, causando un masivo número de víctimas y destrucción de la propiedad. Toda la nación japonesa, tanto el gobierno como la población, con la asistencia de muchos países, despliega exhaustivamente todos sus recursos para salvar vidas, proporcionar ayuda a las víctimas y restablecer las líneas vitales esenciales. Hasta el día 18 de marzo, 26.379 personas han sido rescatadas gracias a los esfuerzos conjuntos de las Fuerzas Japonesas de Autodefensa, las Agencias de Policía, de Bomberos y de la Guardia Costera y de rescatistas de todo el mundo.

En lo que respecta a la Planta Nuclear Fukushima 1º, Japón está realizando arduos esfuerzos para contener la situación, a la vez que asegura la entrega de información adecuada y oportuna, no sólo a nuestra población sino que también a toda la comunidad internacional. En su misión de asegurar la planta, Japón está cooperando estrechamente con organizaciones internacionales tales como el Organismo Internacional de Energía Atómica  (IAEA) y países con experiencia relevante, aceptando la asistencia necesaria.

La información detallada y actualizada sobre el terremoto y sobre la planta nuclear está disponible en inglés en la página web de la Oficina del Primer Ministro de Japón, en la web de IAEA, que está siendo revisada en forma constante en base a la información que proporciona el Gobierno del Japón, y en los sitios de la Agencia de Seguridad Nuclear Industrial (NISA) y la Agencia Meteorológica de Japón.

Para hacer frente a la actual situación de la Planta Nuclear de Fukushima 1º, Japón está empleando todos los medios posibles para prevenir futuras explosiones o fugas de radiación desde la planta. En este punto, más allá de las proximidades inmediatas de la planta nuclear misma, las circunstancias no plantean una amenaza para la salud. Las medidas que actualmente tienen lugar y que corresponden a la evacuación total de todos los residentes en un radio de 20 kilómetros de la planta y al llamado a que quienes viven en el radio entre los 20 y 30 kilómetros de la planta permanezcan dentro de sus casas, han sido implementadas para mantener la seguridad de los residentes en el área, en la eventualidad de que la situación pudiese empeorar.

Japón ha debido superar diversos y difíciles desafíos en el pasado, y ha alcanzado la sociedad pacífica y próspera que existe hoy. Me asiste la confianza de que llamando a la resiliencia y la determinación de nuestra gente lograremos superar esta tragedia. En nombre del Gobierno del Japón y el pueblo japonés, quisiera extender mi profunda gratitud por el apoyo del Gobierno de Chile, otros numerosos países, organizaciones internacionales y gente de todo el mundo para colaborarnos en nuestros esfuerzos. Con su asistencia continua Japón superará esta calamidad sin precedentes.

Páginas Web para obtener  información actualizada y detallada (en inglés):

-          Oficina del Primer Ministro del Japón
-          Organismo Internacional de Energía Atómica
-          Agencia de Seguridad Nuclear Industrial
-          Ministerio de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología
-          Agencia Meteorológica de Japón
-          Resultado de la Medición de Radiactividad Medioambiental (Todas las provincias)


miércoles, 16 de marzo de 2011

Comunicado de la Embajada de Japón.

Tras el lamentable terremoto y tsunami registrados en la costa japonesa el día viernes 11 de marzo,  el pueblo de Chile ha transmitido múltiples muestras de fraternidad y amistad frente a la difícil situación generada tras este desastre natural. Junto con estas demostraciones de solidaridad, se han recibido consultas sobre la forma de canalizar ayuda para las víctimas y damnificados.
Al respecto la Embajada del Japón y la Cruz Roja Chilena tienen a bien comunicar que todo aporte para estos efectos puede hacerse a través de las cuentas bancarias de la Cruz Roja que se indican a continuación.

PARA DEPOSITAR EN LA CUENTA DE LA CRUZ ROJA JAPONESA:
Banco: Sumitomo Mitsui Banking Corporation
Sucursal: Ginza
Cuenta No.: 8047670 (Cuenta Corriente)
Código Swift: SMBC JP JT
A nombre de: The Japanese Red Cross Society
Dirección: 1-1-3 Shiba-Daimon Minato-ku, Tokyo, JAPAN
(Quienes requieran recibo, favor indicarlo en la columna de notas del formulario respectivo)


PARA DEPOSITAR EN LA CUENTA DE LA CRUZ ROJA CHILENA:
Banco: Banco Estado
Cuenta No.: 292222
A nombre de: Cruz Roja Chilena
RUT: 70.512.100-1
Dirección: Avda. Santa María 0150, Providencia


Link Embajada de Japón en Chile:

domingo, 19 de diciembre de 2010

Sade: la heroína iniciática y el Shunga-e.

“Voluptuosos de todas las edades y de todos los sexos, a vosotros solos ofrezco esta obra: nutríos de sus principios, que favorecen vuestras pasiones… escuchad sólo esas pasiones deliciosas, su órgano es el único que debe conduciros a la felicidad.”
Marqués de Sade. “
Filosofía en el tocador”, afueras de Paris, 1795.

“Sólo vivimos para el instante en que admiramos el esplendor del claro de luna, la nieve, la flor del cerezo y las hojas multicolores del arce…. Nos dejamos llevar –como una calabaza arrastrada por la corriente del río- sin perder el ánimo ni por un instante. Esto es lo que se llama el mundo que fluye, el mundo pasajero”.

Asai Ryoi.
“Narraciones sobre el mundo efímero de las diversiones”, Kyoto 1661.

Existen tantos enfoques como estudiosos en la producción de monografías interpretativas de la obra del marqués de Sade. Estos métodos de indagación han pretendido expresar el discurso mismo que proyecta Sade y las condiciones de posibilidad de su propia elaboración. En ese sentido podemos nombrar los trabajos de Geoffrey Gorer[1] en el ámbito de la justificación de la retórica sadiana en un contexto social determinado. Pero así también se puede enunciar los estudios en conexión a las influencias que Sade ha derivado en la literatura más contemporánea, como en el texto teórico de la filósofa Paula Preneron Vinche[2], entre otros autores.
Pues bien, el mentado personaje ha sido estudiado desde el campo sociológico en la medida que Sade encierra una crítica hacia una sociedad estamental en crisis, así también desde el punto de vista antropológico, en la anunciación del pronto devenir de nuevos paradigmas en función del hombre con el arribo de la Ilustración. Además, ha sido visto como un sujeto histórico que contiene en su filosofía un variado conjunto de herramientas teóricas que manifiestan en la historia –como un proceso de cambio cultural- las transformaciones de la sociedad francesa del siglo XVIII.
Sin embargo, el ensayo que aquí deseo manifestar no se conduce por ninguna de las vertientes ya expresadas. Muy por el contrario, lo que intento emprender es una relación semántica entre el texto de Sade, “Filosofía en el tocador” con la estructura simbólica que presenta un mito. Para este objetivo tomaré la estructura que establece Joseph Campbell respecto a la conformación del discurso del mito y la traduciré a las grandes escenas o capítulos que el libro de Sade presenta.
En primer lugar, abordar el texto de Sade de esta manera implica enunciar una premisa básica para la interpretación del discurso sadiano como un parangón con la estructura discursiva de un mito. Así pues, lo primero que declararemos es que la estructura discursiva de la protagonista de “Filosofía en el tocador”, Eugenia, cumple el papel del héroe mítico en un camino de iniciación. Es decir, Eugenia se convierte en un actante que cumple una función de héroe en el lugar de un relato enunciado como mítico. Este sendero de aprendizaje será en el marco de la instrucción sexual y del libertinaje. Ahora bien, el camino iniciático de Eugenia cumplirá una serie de pruebas que se desglosarán a continuación con la función de manifestar el progreso no sólo del argumento, sino que también las transformaciones que sufre el héroe mítico. Finalmente, relacionaremos la estrctura que presenta el libro de Sade con el género Ukiyo-e y el tema del Shunga-e, es decir, las representaciones eróticas de la sociedad. En este sentido, lo que se intenta expresar es cómo visualmente se resuelven problemas de tipo narrativo en relación a las maneras de construirse un relato erótico en el marco de la aventura del mito de Campbell.
El llamado de la aventura.
El primer momento de la aventura mítica de Eugenia lo denominaremos según Campbell, “La llamada de la aventura”, e implica la manifestación de las primeras fuerzas que tienden a ser opositoras. Este fragmento del mito se constituye simbólicamente como un preludio a los acontecimientos principales que atañen al héroe, vale decir, Eugenia. Pues bien, una de las características discursivas presentes en la mayoría de los mitos, incluyendo la obra de sade que pretendemos emularla en un mito, es el hecho que los sucesos posteriores se desencadenan a partir de un error o un suceso que sale fuera de un programa. En efecto, dice Campbell al respecto: “Una ligereza —aparentemente accidental— revela un mundo insospechado y el individuo queda expuesto a una relación con poderes que no se entienden correctamente”[3].
Aquí, el accidente se exterioriza en la acción de la desprogramación de la vida de Eugenia. Precisamente, en el momento que la Mme. Saint-Ange se encuentra con la heroína y tienen un atisbo de intimidad lésbica, la vida de Eugenia cambia y sale de su realidad cotidiana para ingresar en un escenario diferente (el mundo libertino) que se expresa como la revelación de la construcción de un mito del sexo y el libertinaje. Ahora bien, los sucesos iniciales sólo demuestran impulsos reprimidos que se liberan en las fuerzas incontrolables y ocultas en un tiempo constante. En este contexto se hace presente la polarización y distanciamiento de dos fuerzas que se piensan unificadas: la relación de madre e hija presente entre Eugenia y su madre, una relación inscrita en los valores morales de su progenitora que, sin enunciarse explícitamente, en este primer momento se separan. Por otra parte, esta narración se  plantea desde la universalidad. Vale decir, desde un tiempo inmutable y universal, donde los personajes, si bien tienen nombre propio y características distintivas, se intenta que los hechos aquí acaecidos fuesen de una ley general de consecuencia. Por ello, en el prólogo Sade señala que es de esperar que la madre enseñe este libro a su hija y que los libertinos lo lean también, pues, se espera que no exista una particularidad en el relato, sino que apele a una conducta social globalizada.
La ayuda sobrenatural.
Esta parte del relato corresponde a la estructura denominada “La ayuda sobrenatural”. Y, en efecto, como su nombre lo indica, precisa una intervención de un personaje ajeno a la trama argumentativa inicial. Según Campbell, aquella presentación de fuerzas externas tiende a considerarse como “la fuerza protectora y benigna del destino”[4] que, sin embargo, se presenta en la medida que el héroe se confía en la complacencia de su existencia. En este caso, tanto el personaje del Caballero como Dolmancé representan al guía que viene a ayudar al héroe que cae en desgracia. En este caso, ambos personajes son los encargados de instruir a Eugenia, la heroína, en el camino libertino y derrumbar la moral inculcada por su madre con el fin de construir una moralidad libertina. En efecto, tanto Dolmancé como el Caballero son personajes que protegen a Eugenia de la moral de la sociedad, a la vez que son auxiliares en la enseñanza y protectores de los ideales libertinos que están implícitos y reprimidos en el personaje de Eugenia.
El vientre de la ballena.
Este fragmento corresponde a la estructura denominada por Campbell como “El vientre de la ballena”. A través del autor podemos presentar este apartado como una acción necesaria y recurrente en los mitos antiguos. Pues bien, implica esta situación una muerte aparente. En el caso de la heroína se presenta este episodio en la desfloración anal, por cuanto ella sufre un padecimiento enorme en un momento inicial, que emula una muerte aparente en un orgasmo anal. Por consiguiente, después de un tiempo relativamente normal donde se presenta un estado de felicidad y fertilidad, causado por las primeras instrucciones sexuales por parte de los personajes, llega un momento de sufrimiento, pero importante en su camino de iniciación y la heroína sufre, llegando a un instante de muerte simbólica. Esta muerte para Eugenia significa el paso de un umbral. En este sentido el paso que realiza Eugenia es el paso de la inocencia sexual, la niñez, a la adolescencia y la experiencia sexual. Este tránsito que se da en primer lugar con la desfloración anal, según la estructura de Campbell es “una forma de autoaniquilación”[5]. Aquí pues, en efecto, se presenta una ambivalencia entre dos polos opuestos: la niñez y la adolescencia o madurez, así como la relación entre la inocencia y la experiencia de la sexualidad.
El camino de las pruebas.
Esta parte del relato corresponde a la estructura denominada “El camino de las pruebas”. Según el autor señala que es la parte más importante de la estructura de muchos mitos. En este contexto el héroe decide realizar una iniciación para retornar a la vida o a un estadio de equilibrio luego de superar muchas pruebas. De esta manera, Eugenia debe pasar por toda una instrucción sexual experimentando todas las formas posibles de relación sexual con el fin de adquirir un nuevo estado corporal, dado por la iniciación en el campo libertino. Es decir, aquí se manifiesta un ingreso a las profundidades del inconsciente del individuo para obtener a través del suplicio valores relacionados con la perseverancia. Esta perseverancia se da en la medida que gracias a la instrucción sexual que recibe Eugenia, ésta se despoja de la moral introducida por su madre y adquiere nuevos labores relacionadas con el libertinaje. Como bien dice Campbell, “para saberlo y beneficiarse con ello, sin embargo, debe el hombre someterse de alguna manera a la purgación y a la renuncia”[6]. De esta manera, la renuncia por parte de Eugenia es triple: por una parte, la renuncia a la virginidad y castidad impuesta por la madre de la heroína, así como la renuncia de los valores acuñados por la sociedad burguesa y, finalmente, el despojo de la madre misma que encierra la estructura filosófica y física (relación con el cuerpo de Eugenia) en la realidad cotidiana de la heroína.
En este sentido, podemos proponer que esta parte del relato tiene una función pedagógica en la medida que otorga una actitud frente a la moral reinante en la sociedad francesa. Es decir, si bien existe un conjunto de elementos semánticos y alegóricos, así como códigos moralizantes que son naturalizados por la sociedad francesa, Sade a través de los personajes y la actitud de Eugenia, propone una función de enseñanza y crítica de las normas establecidas en la progresiva aparición de actos sexuales, como felaciones, penetraciones anales, vaginales, etc. Donde el autor entrega un mensaje reflexivo al destinatario de su propia sociedad burguesa.

Resolución de problemas visuales en el Shunga-e
El discurso que plantea Sade en la literatura francesa del siglo XVIII posee elementos a fines con el arte del grabado en xilografía japonés del siglo XVII hasta el  XIX. Por ello, quisiera presentar dos ideas que marcan esta comparación que me parece sugerente presentar con el fin de destacar cómo en dos materialidades diferentes, en contextos sociales distintos, aunque en periodos similares, es posible identificar un discurso de la carne y el acto sexual donde el observador forma parte del momento iniciático de la intimidad y el libertinaje. Pues bien, el nombre que recibió la xilografía japonesa fue el de Ukiyo-e, que significaba literalmente “pintura del mundo flotante”. Este tipo de arte hace alusión, a través de una rearticulación del término Ukiyo que hace referencia al mundo penoso del budismo, hacia el goce y el placer del mundo material de las clases burguesas niponas que desde el siglo XVIII adquieren poder económico en una sociedad gobernada por las castas militares y el orden cortesano.
Dentro de los variados géneros del Ukiyo-e existe uno dedicado exclusivamente a la representación de actos sexuales. El nombre que recibe es Shunga, que significa “representaciones de la primavera”. Nace este género, sin embargo, de la ilustración de manuales de sexualidad y posteriormente se extiende al grabado. La circulación que tenía este tema era principalmente para burgueses en el ámbito del consumo privado. De hecho, la producción estaba siempre en constante censura por parte de la clase gobernante.
A nivel formal y semántico, el shunga presente similitudes con el texto de Sade, principalmente en dos grandes puntos: por una parte, las representaciones de estos grabados se realizaban en el contexto de un espacio cerrado e íntimo; en el caso de Sade en un tocador, mientras que en el grabado en una habitación o sala donde no se distingue el interior. Para este tipo de representaciones los autores han recurrido a dos maneras de exhibir el encuadre y la posición del espectador: en primer lugar a través de una vista de vuelo de pájaro que posibilita la ascensión del plano de tierra al alejar el horizonte, así como también a través del camino de un zoom y enfocar en un primer plano el relato. En ambos casos, cabe decir, se consigue el efecto de un espacio de intimidad y cercano al campo de visión del espectador. Asimismo, en ambos casos la atención está puesta en el acto sexual mismo que en el espacio donde se inscribe. Esta operación proporciona al espectador encarnar el personaje del voyerista que mira la escena en un rincón omnisciente, puesto que el espacio en la superficie pictórica es visto desde una posición de contrapicado, en paragón con la vista de una casa sin techo donde el observador tiene control total del campo de visión. Así mismo, el espectador se puede autorrepresentar en la escena apareciendo como un personaje o animal que mira la intimidad de la pareja sin ser visto por ellos.
Para concluir, el segundo punto importante de comparación entre estas dos obras artísticas, una literaria y otra visual, es el hecho que ambas se presentan entregando un manual de los valores y actitudes que se deberían generalizar en la sociedad. Cada una de las obras, por cierto, entrega esta idea de manera distinta y dependiendo del contexto social que ha posibilitado su propia producción, sin embargo, no es menor que ambas se manifiestan como un manual para el observador o remitente que debe él mismo iniciarse en el campo del libertino o en la filosofía del mundo flotante.

«Escena de amantes con un samisen». Autor: Ippitsusai Buncho. Formato: Ukiyo-e, tema Shunga. Dimensiones: 21x26,3 cm. Periodo Edo (1616- 1868).

«Dos amantes y un gato». Autor: Isoda Koryusa. Formato: Ukiyo-e, tema Shunga. Periodo Edo (1616- 1868).

Bibliografía

-          Campbell, Joseph. “El héroe de las mil caras”. Fondo de Cultura Económica México.
-          Fahr-Becker, Gabriele. “Grabados Japoneses”. Editorial Tashen 1994, Munich, Alemania.


[1] “Vida e ideas del marqués de Sade”, 1969.
[2] “El influjo oculto del Marqués de Sade en dos escritores del siglo XIX: Flaubert y Clarín”. Universidad de Alicante, Área de Filosofía Aplica y Área de Filología Francesa.
[3] Campbell, Joseph. “El héroe de las mil caras”. Fondo de Cultura Económica México. Pág. 36.
[4] Óp. Pág. 47.
[5] Óp. Pág.  57
[6] Óp. Pág. 65

viernes, 8 de octubre de 2010

Clases particulares de historia y teoría del arte japonés.

Estimados lectores:

Ofrezco muy cordialmente clases particulares de historia y teoría del arte japonés. Las clases se realizan en sesiones de 1 1/2 hrs. en un horario convenido previamente. Por otra parte, los temas  que se impartirán pueden ser desde la reflexión del panorama general de la producción artística japonesa, la indagación específica de un período de la historia del arte u otro tema explícito conforme a las necesidades y requerimientos de la persona interesada.
Los valores de las charlas dependerán de la extensión y profundidad de los temas demandados.
Para las personas interesadas en clases particulares de arte japonés, pueden disponer del siguiente mail: de contacto: gonzalo.maire@gmail.com

domingo, 3 de octubre de 2010

Charlas sobre la historia del arte japonés

Estimados lectores:
La Sociedad Japonesa de Beneficiencia tiene el agrado de invitarlos a inscribirse en el ciclo de charlas sobre la historia del arte japonés que impartiré en el mes de octubre y noviembre. Las charlas contemplan un panorama general de los períodos de la historia de Japón desde el contexto artístico y social, vale decir, en torno a la obra de arte y el espacio cultural donde ellas se inscriben. Además, se realizará una breve revisión de la teoría que se ha formulado desde el arte japonés y cómo se puede aplicar a la obra de arte nipona.
En total serán cinco charlas: cuatro de ellas sobre la historia del arte nipón, que abarcan desde el neolítico japonés (5.000 a.C.) hasta el período Heisei (1989) y una acerca del Ukiyo-e (grabado japonés en xilografía).

Las charlas se dictarán todos los martes a contar del 19 de octubre  hasta el martes 16 de noviembre. El horario es desde las 19:00 hrs. hasta las 20:30 hrs. El valor de la inscripción es de $18.000

La ubicación es en Alcántara #772, Las Condes, Metro Cristóbal Colón.