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lunes, 8 de diciembre de 2014

Intensión y extensión: reflexiones en torno al estudio y la investigación del arte asiático en Chile*.



 En primer lugar, quisiera agradecer encarecidamente al Museo de Artes Decorativas, a su directora Macarena Murúa, por patrocinar esta jornada, y al equipo de participantes que conforman esta Mesa de Diálogo: Patricia Roldán, encargada de colecciones del Museo, María José Inda, Magíster en Artes en Estudios Japoneses de la Universidad Sofía, Manuel Alvarado, Licenciado en Historia de la PUC. A su vez, quiero rescatar muy atentamente la asistencia del público.
Esta actividad se enmarca en un conjunto de Mesas de Diálogo organizada por la Asociación  Latinoamericana de Estudios de Asia y África (ALADAA) Chile bajo el alero de múltiples instituciones universitarias. Y sin embargo, ésta es la única Mesa que reflexiona desde un espacio museal. Y no es un hecho menor, sino que por el contrario, representa una ruta de exploración trascendental: los museos, y no sólo las academias o las universidades, son fuentes generadoras y configuradoras del saber, y en lo que respecta al fenómeno artístico, constituyen un núcleo vital en la investigación.
Esta mesa, que se titula “Intensión y extensión: reflexiones en torno al estudio y la investigación del arte asiático en Chile”, pone en relieve, justamente, el estudio del arte asiático en Chile desde una problemática de conocimiento, y también una praxis, que demandaría ciertas competencias y experticias específicas para su tratamiento, como objeto artístico y como fenómeno abstracto de conocimiento para una disciplina. No obstante, esta primera ocasión de discusión no es más que una formulación inicial, experimental, de los objetivos, los obstáculos, los escenarios y las proyecciones de la investigación del arte asiático desde la frontera local. Es una puesta en común de miradas.  
Para iniciar este diálogo, quiero enunciar una serie de elementos y postulados que, a nivel general, participan como imposiciones o axiomas delimitantes de una indagación sobre Asia, en tanto que una problemática epistemológica. O por de pronto, simplemente predisponen un manto de sospecha sobre quien quiera indagar este tema. Y es mi deseo despejar dos temores: la intención y la extensión.
Considero que estas dos grandes dimensiones deben ser argumentadas y validadas por una comunidad de profesionales para el asentamiento decidido y proyectable de la investigación sobre el fenómeno artístico asiático; esto es, hacer posible el tránsito desde el gusto intelectual particular de un investigador por estos tópicos, a la necesidad de su investigación, medida en el impacto de su trabajo en el acontecer nacional.
La primera dimensión que uno podría poner en cuestión es del orden cuantificable, y está en relación a la presencia de objetos, tendencias, discursos, modas o expresiones cuyo origen esté direccionado hacia lo asiático. Es lo que denomino como la extensión. Es decir, lo primero que se cuestiona, por de pronto, es si una investigación es necesaria o no, debido a la presencia del objeto de estudio en el medio local, y la importancia de su cantidad como sinónimo de su impacto o inscripción en problemáticas propias del medio. Es preguntarse, sin tapujos, si hay o no hay arte asiático en Chile (insisto, tanto como grupos de objetos, o como formas abstractas de comparecencia de lo asiático desde lo artístico y/o estético) y en qué medida, de haberlo, genera un rendimiento intelectual a una comunidad o a una episteme. La primera respuesta que puedo puntear, es que la existencia de objetos artísticos de procedencia asiática –o por lo menos con una evocación– sí existe en nuestro territorio. Y es algo que debe ser rescatado, exigido desde la dificultad de un levantamiento o arqueo, y una puesta en valor. Algunos de estos objetos son custodiados por museos, tal como la colección de estampas japonesas del Archivo Andrés Bello de la Universidad de Chile, una colección similar del Museo de Bellas Artes, así también las variedades de piezas que puedan tener las instituciones ligadas a Asia, como las embajadas, los institutos culturales, las comunidades de inmigrantes, los objetos que posee este mismo lugar, el MAD, las colecciones privadas, de las que no siempre tenemos referencias visibles, (por ejemplo, las piezas orientales de la Fundación Neruda), y aquellos objetos un tanto desapercibidos en los espacios abiertos, ya sean los jardines japoneses del Parque Metropolitano o de La Serena, entre otros que dejo en el tintero. Y hay otras articulaciones que todavía no acaban de configurarse en problemas, por ejemplo, las modas o las tendencias asiáticas en el cómic, la animación, el vestuario, las costumbres, y en general, en las formas de la visualidad y los imaginarios que se han insertado y sintetizado en nuestro contexto. Pero ya he dicho, éstas últimas figuran más bien en tendencias coyunturales, o problemas con una mayor pertinencia hacia otras disciplinas, sea la Sociología, el Periodismo o la Psicología, antes que la Historia y la Teoría del Arte. Esto no tiene que ver necesariamente por la naturaleza de objeto que tenemos en frente, sino por el tipo de formulación investigativa que se enuncia sobre el objeto.
Esto nos lleva a la segunda dimensión –y para mí la más significativa–, a la hora de poner una sospecha sobre la investigación del fenómeno artístico asiático: una del orden cualificable, a saber, acerca de los modos de configurar y visibilizar un objeto de estudio como un problema atingente a nuestras disciplinas. Es la intención de la investigación. Me parece que esta instancia está descrita desde dos proposiciones delimitantes, y de las que yo, en una, tengo mi sospecha. La primera, en una carencia bibliográfica en torno a lo que se investiga, y por otra parte, la pretensión de una suerte de especificidad omnipresente del objeto de estudio, que imposibilita cualquier indagación. Diríamos, de manera muy rústica, que no podemos estudiar con propiedad el fenómeno artístico asiático por una carencia de fuentes primarias y secundarias, y así también, porque por sí mismo el objeto guarda una forma de sentido, o un estrato semántico, que lo hace incognoscible en lo medular. Ninguna de las dos proposiciones es inválida de considerar. Al contrario, fijan una lógica prudencia. Pero yo diría, además, que deben matizarse con la legítima posibilidad del investigador de construir bibliográficamente, armar conceptualmente, y elaborar metodológicamente el objeto de estudio desde múltiples rutas y enfoques exploratorios. Por lo mismo, estamos al tanto, que pensamos desde el principio sobre la base de un fenómeno artístico, esto es, en su complejidad, profundidad y amplitud interdisciplinar.
Pondré un ejemplo del impacto de la construcción del objeto de estudio, que ciertamente, aún sigue vigente como indagación, y es un campo muy interesante de reflexionar. En Japón, a mediados del siglo XIX, el problema del estudio del arte, o más precisamente, del fenómeno artístico, se fundó desde la instauración de un modelo epistémico expositivo de los objetos artísticos en el Japón. El arte japonés solamente ha podido ser entendido como Arte, en un principio, en la medida que parte de su naturaleza, aquí estoy hablando concretamente de las obras, entraron en el espacio museográfico o se estructuraron en un objeto de investigación complementario, o anexo, de la producción hegemónica de lo que denominaríamos “la Institución Arte”. Así, pues, para que exista primeramente el concepto de “arte japonés” como objeto venido en problema de conocimiento, parte de los agentes del campo artístico tuvieron que ser enmarcados en el espacio expositivo. Y esto tiene una data acreditada: Occidente conoce aquello que hasta hoy día definimos como “arte japonés” en el año 1873, en el marco de la Exposición Universal de Viena. Consiguientemente, y un dato no menor, es que junto al ingreso de colecciones a los circuitos expositivos (25 exposiciones internacionales entre 1873 y 1910), la circulación desmedida de piezas a museos extranjeros y la aparición de la primera escuela de Arte Kóbu Bijutsu Gakkó (1876), en Japón florece la denominación de Bellas Artes (bijutsu), a contrapelo de Artes Decorativas (geijutsu).
A lo que me refiero: la terminología del Arte, sus instrumentales analíticos, no son sistemas cerrados o completamente estáticos, respecto a lo que señalan, delimitan o definen. Son históricos, y por lo mismo, modificables según los discursos predominantes, y los problemas que redefinen los horizontes de una disciplina. En este caso, Japón tuvo que redefinir su propia producción artística bajo categorías y marcos conceptuales occidentales. Definir y separar, por ejemplo, lo que es arte en tanto que objeto artístico (experiencia estética, lenguajes artísticos y rasgos estilísticos), arte como clasificación de objetos (pintura escultura, arquitectura, etc.), arte como finalidad de objeto (exploración de la visualidad, experiencia de lo bello, etc.) –y separarlo desde allí de lo decorativo (funcional) –.
Si pensamos el caso japonés desde un punto de vista de la disciplina historiográfica, los modelos de periodización usados para comprender las transformaciones estilísticas de los objetos, responden a patrones de estructuración con los que trabaja la Historia del Arte, la Arquitectura y la Arqueología occidental. Sin ser incisivo, pero sí de una manera general, el fenómeno artístico japonés, y tal vez el asiático en su conjunto, han sido pensados y construidos sobre las bases epistemológicas del siglo XIX. Así, el concepto de Estilo, de Forma, de Espíritu de Época se hayan presentes hasta hoy en día, aunque sea de manera nemotécnica, en la forma de aprehender este fenómeno. O bien, complementariamente, la relación del fenómeno artístico con el contexto social parece ser una dimensión imprescindible para entender una obra. Lo mismo que los artistas. Son aristas indisociables. La historia de lo artístico en Japón está sobre la base de una Historia de las Obras, y una Historia de los Artistas, en función de una periodización del concepto de Forma como indicio de una cosmovisión epocal (que no sería otra cosa que el gusto). Deseo subrayar lo siguiente: lo que hoy conocemos como arte asiático, chino, japonés, coreano, etc., son la expresión de preguntas, problemáticas y discursos aplicados que construyen, visibilizan ese fenómeno artístico y lo hacen inteligible, aprehensible por las metodologías.
Llevado este escenario a Chile, la interrogante es cómo visibilizamos conceptualmente el objeto asiático, cómo analizamos metodológicamente el objeto de estudio, y por sobre todo, de qué forma interrogamos al objeto, desde la proyección que, con cada pregunta que le formulamos, de ante mano ya hay algo que esperamos de él, un cierto comportamiento. La especificidad del fenómeno que sosteníamos bajo una pretensión absoluta, puede ser vista también, como el proceder que adquiere nuestro objeto de estudio en la forma de un resultado modelado por un problema específico.
Para poner un ejemplo hipotético: el estatuto que adquiere una obra asiática, dependiendo de la mirada y la interrogación con la que se examina, se perfila y se comporta de manera dinámica. La visualización de una estatua de Buda como objeto, es muy diferente si lo que examinamos son sus atributos formales, iconográficos, bajo la pregunta “¿cuáles son las variaciones formales de los regímenes compositivos de la escultura Budista en Sri Lanka entre el siglo X y XII?” A pensar la misma escultura en relación a su impacto en la obra poética de Pablo Neruda en Residencia en la Tierra. Las exigencias de ambos objetos artísticos y el cómo concebirlos varían, pese a que ambos mantienen una condición de obra. En una interrogamos su configuración formal, compositiva, mientras que en la otra la aprehensión de un imaginario a partir de la experiencia estética y las articulaciones semánticas de la obra. Y así, de la misma manera, una obra inscrita en un espacio museal contiene elementos propios del discurso museográfico, que lo delimitan, mientras que reflexionada desde la Teoría del Arte, aportará otras constelaciones propositivas y exploratorias. Pero en ambos casos, apelamos a la investigación de un mismo fenómeno, perfilado desde diferentes miradas.
Finalmente, para cerrar esta presentación, quisiera decir que el cómo estudiar el arte asiático desde Chile es y seguirá siendo una pregunta abierta, pero en ningún caso una pregunta con un sesgo prohibitivo. Si los investigadores interesados en este tema ponen en común exposición sus inquietudes e investigaciones, se posibilita la configuración de un campo de trabajo, una comunidad de investigadores, donde se pueden generar una red de problemáticas y sacar a superficie los rendimientos, solidaridades y posibilidades de exploración de un fenómeno que, si bien podemos discutir la dimensión de su inscripción en el medio local, no podemos obviar su presencia.
«Un conocido de Japón, China y del Oeste». Autor: Shiba Kokan. Óleo sobre tela. Periodo Edo (1616- 1868).

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* Texto presentado el jueves 20 de noviembre en el Museo de Artes Decorativas, en el marco de un ciclo de Mesas de Diálogo organizado por ALADAA Chile.


sábado, 8 de octubre de 2011

La concepción del paisaje en la pintura y en las artes decorativas entre el Período Muromachi y el Periodo Momoyama. (Parte 1)


 El presente artículo fue leído en el Segundo Encuentro de Estudios de Asia y África, el 7 de octubre de 2011 en Santiago de Chile.

Es un profundo agrado para mí presentar esta ponencia en el Segundo Encuentro de Estudios de Asia y África. Pomposo el título que versa, pero una fullería. El ideal, la génesis, el quid de un motivo es algo inevitable que se pregunta la historia del arte para intentar argumentar las condiciones de posibilidad de una obra de arte en el transcurso del tiempo, en este asunto lo que se designa como “paisaje” en el arte japonés entre los siglos XIV y XVI. Pero este mismo pronunciamiento es una interrogante sin respuesta definitoria a priori. Ciertamente, hay algo así como una obra de -o del- paisaje, si por ésta pensamos la representación de un ambiente natural percibido por los sentidos y organizado a través de la imaginación. Sin embargo, extrínsecamente de los límites de nuestra razón se haya la concepción que viabiliza la emergencia histórica de las pinturas y objetos decorativos alusivos a tal cuestión. Entonces, sin una respuesta promisoria es una pregunta sin sentido investigativo y conclusivo. Dicho de esta manera, podría dar por saldada esta exposición sin embarazo alguno. Pero, es tal vez, verdaderamente, esto la base de la cuestión: La concepción del paisaje entre el período Muromachi y Momoyama es meramente la forma de un indicio que se muestra en la fulminación donde se esconde. Este movimiento de traslación es lo que permanece ante la visión del observador, conformando un paradigma particular de idealización del material de la visión. En esta ponencia dispondré de algunas obras que considero representativas de este evento, pero ello no quiere decir que el tema pueda ser contenido en este escrito, ni articulado con la holgura que se requiere con tan escasas obras, por muy significativas que sean. Tan solo resulta ser esta presentación una reflexión preliminar del tema.
Cuando Roland Barthes tuvo la ocasión de viajar a Japón, su admiración fue superlativa ante la cantidad de signos que percibió en las formidables manifestaciones de esta cultura. Pero este signo que observó lo definió como circulatorio; un continuo desplazamiento de sus significantes a un lugar incógnito para la aprehensión del sujeto occidental. Aquí había un juego furtivo: Ese lugar era inalcanzable como “objeto”, incluso para los mismos japoneses. Entonces, pues, para el autor francés el signo nipón se desdice así mismo de su identidad, no en la noción de una ruina, un despojo de la integridad pretérita, sino en una pérdida constante e infinita de su corporeidad. Barthes, al momento de escribir su libro “El imperio de los signos”, en la primera página procuró su advertencia y su tesis cardinal: “El texto no comenta las imágenes. Las imágenes no ilustran el texto: tan solo cada una ha sido para mí la salida de una especie de oscilación visual, análoga quizá a esa pérdida de sentido que el Zen llama un satori”. El paisaje es una imagen, y siendo esto, también es un signo que posee un sentido. Yo hago aquí la misma exhortación: Las imágenes que mostraré no ilustran ni fundamentan en su principio puro, ni en su contrario, mis palabras respecto a una concepción del paisaje, sino que exhiben el aparecer de la huida del significante y el extravío del sujeto. Esto, aclaro desde ya, no es el carácter del cómo se representa el paisaje en estos siglos en el archipiélago, pero sí da luces, a través de la reflexión que comparto en esta ponencia, de la conformación de una mirada particular de la visión japonesa.
Grilla Albertiana
Deseo, en primer lugar, patentizar un punto que me parece importante, tanto para mí, al momento de elaborar esta ponencia, como para el asistente que estará en contacto con las obras de estos siglos: La visión no es un sentido inocente. Es más, nosotros tenemos más de una visión, o mejor dicho, poseemos varias miradas o formas de mirar. Según Erwin Panofsky, poseemos una mirada retiniana, que recibe mecánicamente los objetos desde el entorno por una estructura visual fisiológica. Aquí, la visión se desprende de dos ojos móviles y un campo limitado de enfoque sobre la distancia. La segunda mirada, que me produce un mayor interés, es la mirada construida, o la mirada perspectiva. Panofsky señala que su función es “realizar en su misma representación aquella homogeneidad e infinitud que la vivencia inmediata del espacio desconoce, transformando el espacio psicofisiológico en espacio matemático”. Es decir, la forma de mirada que empleamos no es puramente retinial, sino por sobre todo cultural. Se labra esta idealización de la visión en la conformación de un espacio infinito, constante y homogéneo. Considerando la tradición occidental europea, el pilar fundamental de este postulado es el tratado de León Batista Alberti. Sin ignorar otras formas de teorización de la visión anteriores al siglo XV, desde Alberti la sociedad occidental se ha acostumbrado a una única manera de ver: Una proyección donde el plano perspectivo es una abstracción de la realidad de los sentidos, el resultado de una un solo ojo, exánime, que traza hacia el infinito, el punto de fuga: Innumerables líneas que establecen a los cuerpos una homogeneidad de conducta entre ellos y una constancia en la valorización de las distancias. El paisaje, pues, como re-presentación de la naturaleza, se establece en la tradición occidental en la imagen de una abstracción y un ordenamiento usado como telón de fondo, un encuadre, para el relato de la istoria. Esto corresponde a una forma de conocimiento matemático del mundo que administra la superficie pictórica, organiza el modo de contar un suceso, y se relaciona formalmente con el paisaje como si éste fuera una “ventana” o un “mirar a través de”.
La perspectiva occidental, la forma de mirar de nuestra tradición, es la misma que hoy, en esta ponencia, seguramente intentaríamos aplicar para contemplar el paisaje japonés. Pido precaución. Pero establezco también la base de esta reflexión: Ernst Gassirer señaló que, tal vez, el mirar afuera, el entorno, la anchura en los límites de la visión, es aquella forma en la historia del arte mediante que un “particular contenido espiritual se une a un signo sensible, concreto, y se identifica íntimamente con él”. Entonces, verdaderamente Panofsky ha dado en el clavo cuando comprende que no importa si este sistema de observación de la naturaleza, el objeto-real que se filtra ante nuestros ojos, tiene o no tiene perspectiva, sino que es deliberar acerca del valor simbólico que reside su inscripción a un tipo de perspectiva.

Paseo por la montaña en primavera. Autor: Ma Yuan. Formato. tinta y color sobre seda. Periodo de la dinastía Sung, 690-1270.

El período Muromachi comienza en el año 1333, cuando el último dictador de los Hojo se suicidó en Kamakura, produciendo la caída del poder militar y la reestructuración del gobierno en Kyoto. Esto ocasionó una ruptura en la corte imperial, contiendas bélicas por la obtención del poder administrativo que solamente fueron controladas en el año 1392, cuando Ashikaga Yoshimitsu logra unificar la corte y el dominio político y simbólico de Japón. En este tejido, los monasterios del budismo Zen, que había penetrado en Japón en el siglo XII, constituían centros neurálgicos del aprendizaje de la cultura china y, fue a tal punto el entusiasmo que se impregnó al estudio de las letras y las artes por parte de los monjes japoneses, (por razones de enfrentamiento simbólico con el mundo de la corte, propiciados por el gobierno de Kamakura) que se acuñó el término Bujinso o “monjes intelectuales” de modo un tanto peyorativo. Sin embargo, el estudio del arte chino se convirtió en un asunto transcendental, aunque muy dificultoso, y la labor del monje-artista-artesano fue un ejercicio denodado.
El establecimiento de una mirada del artista japonés entorno a la representación del paisaje en este período se articula, en gran medida, por el arribo al archipiélago de obras de pintura chinas que esgrimen como soporte la seda o el papel, y como técnica las tintas aguadas provenientes de los monasterios Chan del imperio Song Meridional. Esto no niega ni contradice la tradición artística que deriva del desarrollo de la pintura japonesa de temas vernáculos, Yamato-e, que se desataba de las germinaciones chinas, que cultivó, asimismo, un enfoque singular de concebir el paisaje en la aristocracia japonesa. Me detendré, no obstante, en una pintura del continente. En esta imagen, titulada “Paseo por la montaña en primavera” de Ma Yuan, considero que se exterioriza el núcleo problemático de la representación del paisaje en entre el Muromachi y el Momoyama. 
En esta obra, la visión del paisaje donde el ser humano se registra no está dada por una proyección abstracta de líneas imaginarias, o en otras palabras, la composición no es la puesta en escena de un espacio matemático de la superficie pictórica; no en tanto que esto implica un espacio constante y un espectador inmóvil. Los argumentos compositivos que ha usado el artista para el tratamiento del entorno se caracterizan por la supresión de la línea de horizonte, que al no separar el plano en un reducto de cielo y suelo, convierte la escena en una sola unidad semántica donde transcurre el acontecimiento. No es un evento sagrado, ni profano, sino que simplemente algo acontece dentro del paisaje. Sabemos que hay un cielo y un suelo, simbolizado por el ave y por el árbol, pero esto es sugerido por una comparación, o más específicamente, por una metonimia. El paisaje es, pues, en esta instancia, la suma de metonimias de elementos distintivos entre los planos de acción donde el ser humano interviene y es intervenido.
El ojo no es un elemento inmóvil o contemplativo, sino que se mueve por la superficie al no poseer un punto de fuga: Busca posicionarse en alguna línea normal o diagonal que de sustento a la composición y justificación al encuadre. Por el contrario, solamente halla la figura humana, vertical, mientras que el centro geométrico de la pintura resulta ser un espacio blanco. Mecánicamente, el ojo debe completar el espacio faltante. Jean Riviére denomina esta situación como un “paisaje subjetivo (…) (que) va a transponer la naturaleza, en el plano de los ideales, a toda idealidad”. De tal manera que, a través de la subjetivación y el espacio suprimido se perpetra un desplazamiento del signo, ese signo que no se muestra íntegramente, sino en la forma de la niebla, el ave o el árbol, que indican mucho más de lo que realmente enseñan. Por tanto, esta mirada particular que da sentido referencial al espacio del paisaje de la pintura japonesa no es matemático, sino metafísico; no es un espacio donde la infinitud es la insoslayable proyección de un punto de fuga, sino la carencia de sentido que deriva en una constante reflexión del signo, para retornar al momento iniciático: El ser humano errante y meditativo, observador y hombre que es representado entre la niebla, símbolo de la pérdida de la mímesis en el sentido occidental.

viernes, 15 de enero de 2010

Té arte Floral.

Vuelvo a publicar una de las entradas más significativas para mí. Tratado en breves lineas. Como pintura zen. Expresando la empatía de un momento único. De la conversación que tienen los amigos junto a una taza de té. Y que luego se separan. Por un tiempo. Indefinido.


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Hace algunos días he tenido la suerte y el privilegio de compartir, junto a mis amigas Margarita Schultz, quien me ha formado académicamente en el área de la estética, y Karina García, compañera de carrera, la experiencia extraordinaria del acto de beber un té llamado arte floral. Dicho té es de procedencia china y se ha confeccionado manualmente. Consta de pequeños capullos de hojas tejidas, entrelazadas, que portan en su interior flores naturales.


Al vaciar el agua en la taza, ojalá transparente, y cuidando de que el líquido se vierta por un costado del recipiente, este capullo comenzará a humedecerse desde el fondo. Lo maravilloso comienza en este momento. El tejido sufrirá una hermosa transformación. De a poco, tranquila y espontáneamente, los lazos que ataban su forma de capullo cederán y, desde su interior, emergerán pequeñas flores naturales. Debo decirlo, cuando lo ví, la primera imagen que se me vino a la mente fue Buda sentado sobre una flor de loto totalmente abierta.


No estoy seguro si la intención de este arte floral es crear una relación de proximidad con la imagen de Buda, pero de lo que estoy seguro es que nos llama a la contemplación, al goce de mirar y observar seremanente un pequeño cuerpo, casi frágil, que maravillosamente se expande en un sin fin de formas graciosas. Por lo demás, el ambiente que se generó en aquel momento entre los asistentes fue de una tranquilidad, quietud y paz indescriptible. Entonces, tal vez mi analogía con Buda no era una proposición tan lejana, y su figura, en efecto, estaba más próxima a nosotros en la contemplación sincera y sencilla de aquel pequeño capullo de té.


jueves, 12 de febrero de 2009

Poesía de la dinastía T’ang.

Un amigo, Rodolfo Briones, muy amablemente me hace entrega de un archivo que compila una serie de poemas pertenecientes a la dinastía T'ang (唐朝) en China. Pues bien, me  decido compartir estos poemas con todos los lectores de este blog. Sólo me permito hacer hincapié en que, justamente, en esta dinastía la poesía -y en general la literatura- alcanzan un alto grado de desarrollo. Por ello se considera la época dorada de las letras en China. Las causas son de diferente índole, tanto tecnológicas, por ejemplo el surgimiento de la imprenta, como religiosas e intelectuales, manifestadas en el espíritu confucionista que estaba impregnado en la corte. Por último, sin más preludio, los invito a leer los siguientes poemas chinos y su introducción realizada por Raúl Ruy.



Selección de poesía china de la Dinastía T´ang. (618-906)



Introducción

La dinastía T'ang (唐朝) es considerada comúnmente como la Edad de Oro de la poesía. Casi todos los miembros de esta dinastía, desde su fundador hasta el último gobernante, fueron grandes amantes y protectores de la poesía y a veces poetas ellos mismos.


Debería rendirse especial tributo a la emperatriz Wu Chao (武后) (684-704), gracias a cuya influencia la poesía se convirtió en un requisito para los exámenes (chin-shih) y en una importante carrera que llevaba al ascenso en los cargos públicos. Esto hizo que cada funcionario, así como también todo estudioso, se convirtiese virtualmente en un poeta.


Era un hecho frecuente en China que los poetas, aun los mejores de ellos, dedicasen sus primeros años a alguna forma de servicio público. Siglo tras siglo los poemas chinos reflejan la profunda dedicación de sus autores al bien del Estado, su resuelta y firme lealtad a la justicia, aún cuando ello significare la remoción, el destierro o la muerte.


Los dos puntos esenciales de la poesía china son la concentración y la sugerencia. Un rasgo favorito de su verso es la "detención brusca", poema que consta de cuatro líneas, respecto del cual un crítico ha explicado que sólo las palabras se detienen mientras el sentimiento continúa.


Una honda simplicidad que toca muchas fuentes ignotas, un profundo respeto por los nobles usos de la holganza, cosas que los modernos críticos de la vida nos han enseñado a despreciar: éstas son la técnica, la composición y el color de toda su obra.


Completo abandono a un modo particular, hasta que el modo mismo abandona al artista, y luego el incesante silencio que asiduamente trabaja hasta que ha sido lograda una forma digna de su expresión: éste es el método de Li Po y de sus discípulos. Y en cuanto al ocio, ello significa la vida con todas sus posibilidades de belleza y romance. El artista está diciendo siempre: "¡Deteneos un momento! ¡Mirad, he captado un instante de la eternidad!".


(...) Hay momentos en que China nunca será comprendida, pero otras veces la sola línea de un poema, un sólo trazo de pincel sobre una hoja de seda, o tal vez, alguna canción cantada por una muchacha en un arrozal, nos dirán mucho más de lo que podríamos aprender en los libros.


(...) Han hecho del lenguaje algo más delicado que la seda más suave; han cultivado deliberadamente su sensibilidad hasta tal grado que el ruido producido por la caída de un pétalo puede ser más estrepitoso que el derrumbe de los imperios...


Raúl Ruy




EN BUSCA DEL ERMITAÑO DE LA


COLINA OCCIDENTAL

Sobre la distante cima del monte

hay una cabaña;

Un sendero serpentea treinta li 1

hacia lo alto;

Llamo a la puerta

pero ningún criado responde;

Echo una ojeada y sólo veo

una mesa y un banco.

Quizá fuiste de paseo

en tu silla de manos,

O estarás pescando

en las aguas otoñales.

Como golondrinas que girasen y se sumergieran

pasamos sin toparnos.

Con propósito firme permanezco

mirando fijamente al cielo.

La hierba se ha vigorizado

con la lluvia reciente.

Al atardecer, junto a tu ventana

suspira el viento en los pinos.

Al detenerme allá me siento

pleno de paz y tranquilidad.

La escena y el sonido aguzan

el ojo y el oído;

Aunque no hay

huésped ni anfitrión

He captado el significado

de tu filosofía.

Cuando el éxtasis se hubo extinguido

descendí de la montaña.

¿Para qué habría de aguardar tu llegada?

Ch'iu Wel
1 medida itineraria china equivalente a 577 metros aproximadamente.

VISITA A LOS TORRENTES DEL ARROYO BLANCO

Atravesé el Arroyo Blanco

en su estrecho cauce

Cuando la Aurora recién

hendía la maraña de estrellas

Y se desembarazaba de las sombras. Y vi

De paso un instante, desde los trillados

caminos de los hombres,

Innumerables islas, circuidas

Con los colores verde y oro de la naturaleza.

El cielo tendía

el espejo azul de la eternidad

Sobre las aguas relucientes. Una a una

Las nubes se hacían a la mar.

Mis errantes pensamientos

Divagaron adonde los monstruos

de cota de plata

Recorren velozmente

sus arroyos nativos.

Canté melodías

Que crecieron al promediar el día,

menguaron con el atardecer

Y cesaron al caer la noche.

Luego busqué el reflejo

de los aleros de las casas,

en medio de los campos

iluminados por la luna.

Li Po
PLATICA EN LAS MONTAÑAS

Si me preguntasen por qué habito

entre las verdes montañas,

Reiría silenciosamente;

mi alma está en la calma.

El capullo del duraznero

sigue el movimiento del agua;

Hay otro cielo y otra tierra

más allá del mundo de los hombres.

Li Po
UNA TARDE DE VERANO EN LAS MONTAÑAS

Sentado en un verde bosque,

con la camisa abierta,

Agito suavemente su abanico

de blancas plumas.

Me quieto el sombrero y lo suspendo

de una roca que sobresale;

Desde los pinos la brisa se desliza

sobre mi cabeza desnuda.

Li Po
UNA VISITA A CH'ANG, EL TAOISTA

RECLUIDO DE NAN-CH'I 1

A lo largo del camino

cubierto de musgo,

En dirección a tu choza,

descubro las huellas

de tus pasos.

Blancas nubes yacen ocultas

sobre tu silenciosa isla;

Fragantes hierbas crecen

hasta la altura

de tu inútil puerta.

Un chubasco pasajero

revela el color

de los pinos.

Vagando por los cerros

hallé el nacimiento

de un arroyo.

Arroyo, flores, meditación:

todo es uno y no sienten

la necesidad de hablar.

Liu Chang-Ch'ing
1 Lit. "barranca occidental"

RIO NEVADO

Un centenar de colinas

y ningún pájaro;

Un millar de sendas

sin una huella;

Una barca solitaria;

una cobertura de bambú.

En el frío río nevado

un viejecito pescando.

Liu Tsung-Yüan
MAÑANA DE PRIMAVERA

Durmiendo en primavera

no se advierte el alba

Hasta que por doquier resuena

el reclamo de las aves.

Pero anoche oí el estruendo

del viento y la lluvia

Y me pregunté: ¿cuántos capullos

se habrán dañado?

Meng Hao-Jan
DE PASO POR EL CORTIJO DE UN VIEJO AMIGO

Un viejo amigo preparó un pollo

y un budín de mijo,

Y me invitó a comer

a su casa de campo.

Verdes árboles circundan

su cortijo.

Los cerros azules

descienden a lo lejos.

Frente a una ventana abierta

el vergel sale a mi encuentro.

Bebemos vino y charlamos

sobre las moras y el lino.

Espérame hasta el noveno día

de la novena luna

Volveré de nuevo a saborear

tu vino de crisantemo.

Meng Hao-Jan


SOBRE LA TORRE DESDE LA CUAL


SE DOMINA EL RIO

Junto al río se yergue

la torre de cien pies de alto;

Por allí pasa una extensa

carretera de mil de millas;

Contemplar el lejano horizonte

desde esta altura

Me basta para confortar

la mente y el corazón.

Los correos no se detienen

a todo lo largo del camino,

Los soldados se precipitan

hacia sus guarniciones.

En tiempos tan turbulentos

Siento de manera especial

que es bueno estar ocioso.

Ahora que he pasado los cuarenta,

En verdad, no es demasiado pronto

para que me retire.

Déjame que ahora limpie

los vestidos manchados de polvo.

No es demasiado tarde

para que retorne a los cerros.

Po Chu-I
A LI CHIEN 1

En los tiempos

para encauzar el curso de mi vida,

Directamente acudí

a CHUANG TZU2

Pero en años recientes

la mente es mi universo;

Me convertí a la DHYANA

de la escuela del Sur 3.

Exteriormente, acepto

el mundo tal cual es;

Intimamente, supero las limitaciones

que imponen los sentidos.

Afuera, no siento aversión

por la aldea o la Corte;

En mi casa, no siento apego

por la compañía de los hombres.

Desde que aprendí este arte,

adondequiera dirija mis pasos

Mi mente está en sosiego

y hallo que no necesito

De inflexiones y estiramientos 4

para el bienestar de mis miembros;

Ni de ríos o de lagos

para aquietar los pensamientos.

Si tengo propensión al vino,

algunas veces bebo;

Si estoy libre de empleo,

a puertas cerradas me siento

Silencioso y tranquilo

hasta muy tarde en la noche,

Y al siguiente día, duermo profundamente

hasta que el sol está muy alto.

No me causan pena, en otoño,

las noches largas;

No me lamento, en primavera,

por los días que pasan.

Enseñé a mi cuerpo que olvide

si es joven o viejo,

Y a mi ánimo, que estime lo mismo

la vida y la muerte.

En la plática que sostuvimos

ayer, cuando te vi,

Diste a mis pensamientos

lo que llaman "corazón y médula" 5,

Poorque también mi Camino es

como "lo inexpresable" 6,

Y a no ser por ti, jamás

lo hubiese comprimido en palabras.

Po Chün-I
1 Li Chien (764-821) perdió a su padre a muy temprana edad y fue educado por su madre que era una devota budista. Como ella no le permitiese que comiera carne a él, por deferencia a sus principios permaneció vegetariano toda su vida.

Pero se dedicó a los estudios confucianos, especializándose en el Libro de los cambios (I CHING) y en las Crónicas de primavera y otoño (Ch'un Ch'iu). (V. A. Waley, po Chü-I, pág.97.)

2 Chuang Tzu (c.330A.C.). El más brillante de los escritores taoístas. De sus obras, uno de los párrafos más citados, quizá, que ningún otro-Aunque en modo alguno el más medular de su posición filosófica- es aquel en que su autor titubea en afirmar: "si él es Chuang Tzu que sueña que es una mariposa, o es una mariposa que sueña que es Chuang Tzu".

3 Dhyana, voz sánscrita que significa "meditación". Se refiere a la secta budista china Ch'an (Zen, en japonés), de la Escuela del sur, rama fundada por el patrairca Hui-Neng (638-713).

4 Ejercicios espirituales taoístas, muy parecidos al Hatha Yoga de los hindúes.

5 Referencia al Shu Ching ("libro de la historia"), V.25.3.

6 Se refiere a las palabras preliminares del Tao Te Ching.


jueves, 18 de septiembre de 2008

El Tao Te King.





La vasta y milenaria literatura china, escrita en un estilo llamado wen li, tiene una base histórica y canónica en cinco libros clásicos, a saber, el I King o Libro de las Mutaciones, el Shu King o Libro de la Historia, el Che King o también llamado Shi king, que significa el Libro de las Canciones, el Li ki o Libro de los Ritos y, por último, el Ch'un Ch'iu, traducido como el Libro de los Anales de la Primavera en Otoño. Se presume que todos estos libros fueron escritos en los tiempos de Chou, entre los siglos X y VI antes de Cristo.  Según los historiadores, Confucio (孔子) compiló el Libro de las Canciones y el Libro de la Historia, y, por otra parte, Lao tse (老子), también filósofo de los tiempos de Confucio, redactará el Tao Te King. Tanto Confucio, que originará el confucianismo, Lao Tse el taoísmo y la importanción del budismo de la india, conformarán las tres grandes religiones que albergará la cultura china, expandiendo con los siglos por todo el continente asiático. Por ello, tomando conciencia de las repercusiones filosóficas y culturales que traerán dichas religiones, en el presente texto abordaré brevemente, de manera descriptiva y expositiva, el libro de lao Tse: el Tao Te King (道德經).


Lao Tse, apodado el maestro venerable, nació probablemente hacia el año 604 a. C. en una aldea llamada K'u Yen, que formaba parte del reino Ch'u. Poco se sabe de su vida, seguramente trabajó como historiador en los archivos imperiales de los Chou, pero, más certeza no existe del accionar cotidiano de este pensador. Sin embargo, abundan historias maravillosas para dar respuestas a los misterios que rodean su persona. Una de estas historias tiene relación con su nacimiento, y es relatada de la siguiente manera: "fue engendrado de una madre virgen, que lo llevó 82 años en su vientre, hasta que un día, descansando bajo los ciruelos, una partícula de sol entra por la boca de la doncella, abriéndole un orificio en el costado izquierdo, cerca de las axilas, por donde nació el sabio. Por ello se le apodaría "Orejas de ciruela", porque al pisar tierra dijo a su madre: De este árbol tomaré mi nombre". De esta misma manera se intenta dar explicación al origen de su obra, narrada en una singular anécdota: "Cuando el filósofo ya era muy viejo, se dirigió al occidente para vivir en soledad. El guardían de la puerta de la frontera de Honan, último hombre en verlo, le dijo: ya que vas a vivir como ermitaño, escribe antes un libro para mi edificación".


El Tao Te King tiene un significado oscuro: La palabra "Tao" tiene dos significaciones, por un lado significa "vía" o "camino", pero también implica la palabra "cabeza". Esto nos puede llevar a pensar que su significado guarda relación con el camino justo, la acción virtuosa o el justo principio. "King" significa "clásico" y "cánon", por lo que podemos denominar el Tao Te King como "el libro de sobre el principio de la acción y la virtud". El libro consta de 81 capítulos de breve extensión, divididos habitualmente en dos partes: una hasta el capítulo 37, que  desarrolla los principios filosóficos, y la otra parte, trabaja sobre los problemas prácticos. En general, el Tao Te King nos propone una manera de organizar la naturaleza en base a leyes y principios que rigen los fenómenos y al hombre, en una renuncia a uno mismo y a los deseos. Puede parecer, a primera vista, una filosofía bastante pasiva, pero, es muy por el contrario, pues el tao está dirigido a los principios y no a los efectos de las acciones.



Algunos capítulos del Tao Te King.


I


El Tao que puede ser expresado no es el Tao Absoluto


El nombre que puede ser revelado no es el nombre Nombre Absoluto


Sin-nombre es el principio del Cielo y la Tierra


Con-nombre es la Madre de todas las cosas


Así


Quien permanece sin deseos contempla el Misterioso Principio


Quien guarda deseos contempla los límites de las apariencias


Ambos son idénticos en su origen


Y distintos sus nombres al hacerse manifiestos


Este misterio se llama Infinita Profundidad


Profundidad no develada aún por el hombre


Que es la puerta de todas las maravillas del Universo


II


Cuando los hombres conocen que la bondad es buena


Entonces saben que la maldad existe


Cuando los hombres conocen que la belleza es bella


Entonces saben que la fealdad existe


Así


Ser y no-ser se engendran el uno al otro


Difícil y fácil se complementan el uno al otro


Largo y corto son relativos el uno al otro


Alto y bajo se acompañan el uno al otro


Sonido y tono se armonizan el uno al otro


Antes y después se suceden el uno al otro


Por lo tanto el Sabio


Enseña sin palabras obra sin-acción


Sin embargo nada queda sin realizar


Cuando la existencia se manifiesta no se opone a ella


Actúa pero no se apropia


En la obra realizada no exige que se le reconozcan méritos


Y es porque no pretende el mérito que ésta no se le puede arrebatar


VIII


La Bondad Superior es como el agua


El agua favorece a todas las cosas y no excluye a ninguna


Permanece en los lugares que otros desprecian


Por esto se asemeja al Sabio


En el vivir haya la felicidad de la vida


En el pensar se asemeja al Profundo Abismo


En la bondad armoniza con todos


En las palabras es sincero


En el gobierno equilibrado


En el trabajo obra con rectitud


En el caminar encuentra oportuno el tiempo


Siendo así no se opone y la maldad queda olvidada


IX


Que cada cosa siga su curso natural


No le busquemos los extremos


Una espada continuamente afilada no dura mucho tiempo


Una sala llena de oro y jade es difícil de guardar


Opulencia y poder conducen a la soberbia


Y de esto nace la ruina


Acabada la obra y el mérito cumplido


Lo oportuno es retirarse


Esto enseña el Tao del Cielo


LXXVIII


Lo débil siempre vencerá a lo fuerte


Nada hay en el mundo nada tan débil y flexible como el agua


Pero cuando ataca a lo duro y a lo fuerte demuestra su poder


Así lo débil vence a lo fuerte y lo flexible a lo duro


No hay entre los hombres quien no lo sepa


Pero todos parecen ignorarlo y nadie lo practica


Por eso el Sabio enseña


Que quien soporta sobre sí todos los infortunios de un imperio


Puede llegar a ser el soberano


Estas palabras son verdaderas aunque no lo parezcan