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sábado, 22 de noviembre de 2014

Nuevo poemario: "Caleidoscopio hacia el Sur".

Estimados amigos:
Los invito muy cordialmente a leer mi nuevo poemario "Caleidoscopio hacia el Sur", cuyo tema central es la noción de la temporalidad. Este libro se encuentra online -disponible gratuitamente- en Editorial ROVE desde el servicio de ISSUU.
El link de la publicación es el siguiente: http://www.editorialrove.com/…/977-caleidoscopio-hacia-el-s…
 De la misma manera, podrán encontrar la publicación en la barra lateral derecha del blog.
Junto con el encargo de dejar el libro a vuestra lectura, espero que, si ha sido de su interés, voten por ella a través de la misma entrada de la editorial; a saber, cliqueando en las estrellas que ameritan la calidad de libro, en la parte superior izquierda, y por sobre todo, en el apartado "Ratio", en el mismo sector de la página.
Finalmente, les pido que lo compartan y difundan entre sus contactos y medios sociales. Y, por supuesto, atento a sus impresiones y comentarios.
Mis atentos y afectuosos saludos.

domingo, 26 de mayo de 2013

Nuevo libro de poesía "El hombre horadado".




Estimados lectores: Quedan muy cordialmente invitados a leer mi nuevo poemario, "El Hombre horadado", publicado en formato online por Editorial Rove, Argentina. 

"El presente libro recoge un concepto holístico de la existencia humana. Más bien, rastrea el residuo metafísico que la Modernidad ha filtrado en la subjetividad del ser humano: la pérdida de sentido y el simulacro del gesto frente a lo real.; el lenguaje como mero relato de algo que gravita en la ausencia de todo encuentro. "El hombre horadado" es la categoría que otorgo a la puesta en cuestionamiento de la relación naturalizada del hombre y las cosas; la palabra, como el testimonio muerto de las formas de significación de mundo, es la carencia irremediable de proyección del individuo, y de quien deviene rápidamente en una negación de sí, sintomática.
Escrito a través de un verso espeso, horadado, casi oscuro, aquí se aborda la situación de la poesía -mí poesía- respecto a la experiencia que recoge, y a la vez, abre del mundo.
 
El arte separado de la vida es un enunciado que ya no nos dice nada, es cierto, pero esa es la prueba definitoria del límite actual del individuo frente al sentimiento radical de la angustia: el aniquilamiento total de un tipo de experiencia, desplazada, olvidada, convertida en mero relato, y de la que sólo tenemos noticia a través de una oración carente de sentido".

Dejo la invitación, además, para que compartan la publicación entre sus redes sociales y contactos. Los enlaces para revisar el libro son los siguientes: 

 http://es.scribd.com/doc/150606953/El-Hombre-Horadado
 
http://www.editorialrove.com/index.php/biblioteca-menu/ficcion-menu/poesia-menu/769-el-hombre-horadado

lunes, 17 de diciembre de 2012

Libro de poesía "Así fue como vivimos"


Estimados lectores:
Muy cordialmente los invito a leer mi nuevo poemario, "Así fue como vivimos", publicado  por Editorial Rove.
Este nuevo libro recoge en sus páginas un conjunto poemas escritos en distintos tiempos, que evocan la imposibilidad del amor y del contacto, la renuncia y la enfermedad del ser que se recoge a sí mismo cuando ha perdido su propio valor, que está consagrado en un otro heridamente ausente.
Así fue como vivimos.
El libro también encuentra en la barra lateral de este blog.



sábado, 20 de octubre de 2012

Libro de poesía "Caballos planetarios".




Estimados amigos, lectores:
Es un placer para mí presentarles mi segundo libro de poesía, "Caballos planetarios" que ha sido publicado online hoy, 20 de octubre de 2012, por la editorial Rove. Este trabajo recoje el concepto del errante, el viajero, lo errabundo de las cosas que se encuentra diseminado por las culturas del Lejano Oriente, y que, desplegándolo en un discurso poético existencialista, lo da a conocer al lector occidental como una reflexión de los límites y sentidos propios del ser, junto a los caminos que lo intervienen.

El libro se diversifica sobre un verbo que transita en la descripción interior, los sueños, los anhelos, las dudas infinitas, así también en la crítica a los valores, la injusticia, lo absurdo del mundo, lo hipócrita, y el vagabundeo de la letra, que es finalmente, un extravío de sí mismo.
El presente poemario cuenta con las ilustraciones de Genoveva Moncada Astudillo, y la participación escritural de Gonzalo Núñez del Río, Emilio Vargas, Maya Echeverría, Alejandra Pinto, Ile Annae, Pablo Maire, Cynthia Valdivieso y Julio Iturra.





sábado, 31 de diciembre de 2011

Yo te pido, si aún eres hombre*.

Meditando en Seoraksan, Chiaksan, Gyeryongsan, Gyeongju, Wolchulsan, Dadohaehaesang y Hallasan.

Hombre, si de verdad te acuerdas,
si de verdad en ti persiste una resonancia, una hermosura, una palpitación, un golpe rotundo,
de cómo fue que llovía, de cómo tronaba el aire en la tierra silvestre,
y de cuántas gotas se formaba el rocío de todas las auroras,
yo te pido que te levantes,
y que de tus manos se concentren formidables nubes, truenos regios, borrascas rabiosas,
que hagas llover nuevamente sobre las pobres cenizas del agua.

Hombre, si en algún escondrijo de tu pequeña alma
todavía el follaje es un verde deslumbrante o se sostiene como una fresca manzana,
y si cada hoja amarilla se acuna sobre tus pasos, siendo únicamente tú y ella,
y si en tus cabellos nacen racimos de fruta,
yo te pido que vuelvas a escuchar, a tener sonido rectilíneo,
a guardar silencio imperioso,
para las aves que en sus ramas hicieron tristes nidos, la última fortaleza,
y que oigas, Hombre, sus lamentos sobre las plumas sanguinarias de sus padres muertos.

Hombre, si en tus ojos la espuma todavía navega sus navegaciones vencedoras,
y si el mar en tus sueños es insoluble con sus peces, hombre, si aún
por accidente las caracolas rugen su arquitectura de sublimes olas, o una desgarradura de algas
yo te pido que desemboques los ríos de tu alma sobre el planeta,
y con tus cauces voluntariosos le des al océano su manto azul, sus menesteres, su rosa marina
y que borres con el crepúsculo de la costa, lo que renunciaron en la arena profanada
el Hombre, y los hombres, las gaviotas y las desmanteladas máquinas.

Hombre, si todavía en ti hay aire,
guárdatelo un poco, de manera clandestina, para que recuerdes su castillo delgado, su cintura invisible, su dulzura,
y no te olvides que ya no existe,
Hombre, si honestamente se te hace familiar la boca de la atmósfera, dile que no se aleje
a ninguna latitud,
que nos espere, que allá vamos, sin motores, sin quemaduras,
y si de tu boca el aire es un beso, un suave depósito indomable,
yo te pido que beses al viento y le cantes la delicia de las aves.

Hombre, si en ti aún está la historia de la tierra,
si dispusiste de tu cuerpo el barro y la arcilla, y de todo movimiento siempre atesoraste
la condición de un alfarero,
Hombre, yo te pido por la vida de todos,
que no le permitas ser a los saqueadores, a los invasores, a los traidores,
y déjale al Hombre ser un sembradío, una verdura, una geología oceánica o un corredor
de resistencia subterránea.

Cascada Biryongpokpo en el Parque Nacional Seoraksan, cerca de Sokcho, Corea del Sur.
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* Este poema surge a raíz de la catástrofe acaecida en el Parque Nacional Torres del Paine, así como de la negligencia internacional en la protección del medio ambiente. También es una decepción personal del hombre.

lunes, 24 de octubre de 2011

Artículo sobre mi libro "Bajo cerezos en flor 桜の木の下で" en el Diario "El Eco".

Sobre «Bajo cerezos en flor», Gonzalo Maire, MAGO Editores 2011:

Por: Juan Jabbaz

Llegar a lo general reconociendo lo insignificante: distinguir la importancia de la ración, su valor. Darse cuenta (para luego contarlo) que si no existiese ese fragmento mínimo, el “todo” definitivamente sería imposible, inalcanzable. Ahí es cuando este poeta chileno, Gonzalo Maire —utilizando tintes nipones— nos reúne con la semilla de un cerezo cayendo, el último rocío antes de arrojarse del árbol, un té que nace hervido…


En «Bajo cerezos en flor» se nos sitúa delicadamente frente a imágenes que se rescatan del anonimato para darles voz, para proyectarlas en el imaginario del lector. El poema, así, se convierte en un ser vivo e independiente que va adquiriendo rasgos ajenos para hacerlos propios: El alma de las cosas, del autor y del lector se convierten en la suya.

Son la cortesía y la prudencia las que envuelven cada letra trabajada como un kanji en este poemario. Se reconoce un cuidado extremo del autor en el manejo de las palabras, de los conceptos. En la creación de ellas y en la ilustración de estos. Se hace inevitable no mencionar las —constantemente citadas— palabras de Huidobro en su “Manifiestos” (Editorial MAGO, 2010) donde compara al poeta con un «pequeño dios». Acá Maire ya reconoce, a través de la máxima del Yen, la posibilidad del hombre de crear vida y transmutar las cosas, y, ¿cómo lo hace? A través de un coito donde obviamente no participa solo la razón, sino que también los instintos, pero dirigidos a un objetivo claro: el poema. Estamos encontrándonos con el proceso de creación, un shodo occidental. Emoción y sentimiento, dosificados:

“fue en ese relámpago que, por primera vez,
besé una idea:
Con mis dedos la acaricié de razón,
en el agua la unté de tinta y sello”
(P.21)

El libro está lleno de relaciones, o mejor, o también, de puentes que permiten que estas se produzcan. Con el transcurso de las páginas y de los versos se van reconociendo elementos propios de la cultura nipona que el autor va fusionando con raíces latinoamericanas. El libro, el autor y el lector se convierten en un puente intercultural elaborado a través de la poesía, de buena calidad, sólido, inédito y necesario. Creado al orden de cuatro puntos cardinales que en este caso vendrían a ser las estaciones del año, en estas, a través de lo erógeno del lenguaje (cualidad muy latina) nos paseamos, disfrutando y percibiendo: nuestro entorno, la búsqueda de la sabiduría, la relación con la muerte y el sentido estético.

Estamos frente a una precisa occidentalización del estilo de vida y del arte japonés, o bien, de una delicada orientalización del modo occidental.




lunes, 12 de septiembre de 2011

Presentación del libro "Bajo cerezos en flor 桜の木の下で" por Juan Jabbaz.

Sobre «Bajo cerezos en flor», Gonzalo Maire, MAGO Editores 2011:

Por Juan Jabbaz

«El método cinematográfico es usado en las escuelas japonesas como elemento para la enseñanza de dibujo. ¿Cuál es nuestro método para enseñar a dibujar? Tomar cualquier pedazo de papel blanco delimitado por cuatro esquinas y rellenarlo. (…) Los japoneses emplean un método totalmente distinto: el alumno —con un cuadrado, un círculo y un rectángulo— encuadra distintos fragmentos de, por ejemplo, la rama de un cerezo. ¡Y encuentra una toma cinematográfica! El cine que se aproxima a ese método organiza la realidad por medio de la cámara, modelando un fragmento de aquella con el hacha de los lentes».
Serguéi Eisenstein

No cabe duda que Gonzalo Maire se ha educado en esa escuela oriental de la que nos habla Einsenstein. La escuela de la observación. Llegar a lo general reconociendo lo insignificante: Distinguir la importancia de la ración, su valor en lo que a primeras parece total e indivisible. Darse cuenta (para luego contarlo) que si no existiese ese fragmento mínimo, el Todo definitivamente sería imposible, inalcanzable. Ahí es cuando este poeta chileno —utilizando tintes nipones— nos reúne con la semilla de un cerezo cayendo, el último rocío antes de arrojarse del árbol, un té que nace hervido…

En «Bajo cerezos en flor» se nos sitúa delicadamente frente a imágenes que rescata del anonimato para darles voz, para proyectarlas en el imaginario del lector, el encargado de finalizar la obra a través de sus propios medios, que tienden (tienen) a ser los mismos que utilizó el poeta. Observación, meditación y proyección. El poema, así, se convierte en un ser vivo e independiente. Lo que hace que uno pierda la noción de quién es el creador de la obra, y realmente da lo mismo. Somos todos y el poema es uno, infinito. Va adquiriendo rasgos ajenos para hacerlos propios: El alma de las cosas, del autor y del lector se convierten en la suya.

Entender ración como un apócope de racionalidad puede ser una de las claves para adentrarse en la poesía de Gonzalo Maire, y más precisamente a este libro en particular, su primero. El otro día, en una entrevista que tuve la oportunidad de hacerle, estábamos abarcando las necesidades que generaron la escritura y publicación de «Bajo cerezos en flor» y también las necesidades que esta obra podría llegar a cubrir a través de la poesía, en un país tan occidental como Chile. Llegamos al punto en que le pedí que nombrara algunos de los elementos de la cultura japonesa que se podrían bien adaptar y adoptar en nuestra sociedad.

(En este punto debo aclarar que este ejercicio se hizo de una manera muy sutil, ya que Gonzalo encontraba que imponer cualquier tipo de comportamiento social o cualquier cosa que no estuviese en los códigos que actualmente se manejan en el país lo harían caer, a él o a cualquier autor que lo intentase, en una actitud netamente fascista, repudiable).

Destaco esta parte de la entrevista, debido a que el definir cuáles eran —para él— los elementos de la vida japonesa propicios para considerar, contribuirá a entender mejor la postura del autor y el proceso de trabajo y vida que lleva. Respondió:
      
«La cortesía y la prudencia son dos de ellos. Muchos creen que el exceso de ellos hace que los japoneses sean fríos, pero no lo veo de esa manera. Ellos no demuestran sus emociones, que es diferente a sus sentimientos. Nosotros somos personas que no nos sabemos controlar y hacemos estallar las emociones como un torrente, somos muy desequilibrados. El japonés es diferente, puesto que busca un equilibrio puede orientar sus sentimientos con más claridad y hermosura».

Son estos dos elementos: la cortesía y la prudencia, los que envuelven cada letra trabajada como un kanji en este poemario. Se reconoce un cuidado extremo del autor en el manejo de las palabras, de los conceptos. En la creación de ellas y en la ilustración de estos. Se me hace inevitable no mencionar las —constantemente citadas— palabras de Huidobro en su Manifiestos (Editorial MAGO, 2010) donde compara al poeta con un «pequeño dios». Acá Maire va más allá y reconoce, a través de la máxima del Yen, la posibilidad del hombre de crear vida y transmutar las cosas, y, ¿cómo lo hace?, lo susurra en la cita de un poema que leeré luego, donde trabaja la relación, el encuentro con una idea; el proceso de observación, meditación y proyección que mencioné antes. Un coito donde obviamente no participa solo la razón, sino que también los instintos, pero dirigidos a un objetivo claro: el poema. Estamos encontrándonos con el proceso de creación, un shodo occidental. Emoción y sentimiento, dosificados.

Fragmento de «Rinen (Idea)»   

¡Ah!
fue en ese relámpago que, por primera vez,
besé una idea:
Con mis dedos la acaricié de razón,
en el agua la unté de tinta y sello
y ella sin reclamar se desnudó para mí
como un caparazón de muchas cosas:
Vi su cuerpo abierto al hombre
lleno de encanto, de mañana, de copla…
-¡No te vayas!- le dije,
una vez ya hecho el amor:
Quédate en mi puño erecto,
en la comisura de los montes, bajo mi mano,
escríbete en ti y a mí

El libro está lleno de relaciones, o mejor, o también, de puentes que permiten que estas se produzcan. Con el transcurso de las páginas y de los versos se van reconociendo elementos propios de la cultura nipona que el autor va fusionando con raíces latinoamericanas. El libro, el autor y el lector se convierten en un puente intercultural elaborado a través de la poesía, de buena calidad, sólido, inédito y necesario. Creado al orden de cuatro puntos cardinales que en este caso vendrían a ser las estaciones del año, en estas, a través de lo erógeno del lenguaje (cualidad muy latina) nos paseamos, disfrutando y percibiendo: nuestro entorno, la búsqueda de la sabiduría, la relación con la muerte y el sentido estético.

Las posibilidades que presenta el vocabulario occidental necesariamente difieren con las que ofrece el japonés. Entonces, la relación amorosa entre lenguajes y estilos opuestos que realiza Maire se produce en base a estados afectivos. Donde el hablante —rito propio de la literatura— debe seleccionar la palabra y temática precisa, más cuando se ha propuesto el trabajo de importar estilos que no entraré a analizar deliberadamente, pero, que se caracterizan por estar regidos a la base de que cada verso contenga una cantidad de moras o sílabas determinadas. ¿Qué fue lo que hizo Maire? Me lo explicó el día que presentó el proyecto, antes de que lo leyera y me imaginara su amplitud. Se basó en el trabajo realizado por Luis de Góngora con el latín, para, por ejemplo, en el estilo Tanka, en vez de utilizar las sílabas determinadas, 5-7-5-7-7, usar la misma cantidad, pero de palabras. Sin alterar el fondo del estilo oriental, sin pasar a llevar tampoco la identidad del trabajo artístico que se realiza en esta parte del mundo. Una precisa occidentalización del estilo de vida y del arte japonés, o bien, una delicada orientalización del modo occidental.

Fragmento de Hashi (Puente de piedra)

¿Podías dos años imaginarte atrás
conocernos en un puente hecho de montaña?
¿Creerás que yo atravesé antes
las orillas confusas de la primera mañana?
¿Pensarías que en algún día
el agua construirá puentes y se lloverían?


sábado, 20 de agosto de 2011

Presentación del libro "Bajo cerezos en flor 桜の木の下で" por Eugenia Brito.


BAJO CEREZOS EN FLOR. GONZALO MAIRE. MAGO EDITORES 2011.

Es un placer para mí presentar este libro de Gonzalo Maire, su primer libro de poesía publicado por MAGO Editores. Desde los epígrafes, el libro revela su fuerte y profunda articulación con la poesía y el arte japonés:

“Cerezos en la noche:
si más me alejo, más
vuelvo a mirarlos”. Tomiyasu Fuusei

 “Revolotea,
arrastrada por las brisas,
la mariposa”. Masaoka Shiki.

Una de las aristas complejas de este poemario es la articulación de su poética: por un lado la forma que adopta su mímesis- su capacidad de nombrar las cosas, bajo el  artificio de cierta poética japonesa y por otro lado, la textura de su gramaticalidad, en la fase barroca, en la que se dan cita Luis de Góngora, Quevedo, el neo barroco latinoamericano y su rostro chileno, a la manera de Neruda, el Neruda de Canto General. Imágenes como “cascada aérea de la primavera” o “raíz perdida”, “cuello de mar”, dan cuenta de ese proceso, mostrando sus costuras, el hilván de los significados para precisar un mundo, en la primera parte del poemario: “Alegorías de la primavera”, cuya  poética se expresa en la imagen del laberinto desatado en una rama, que evoca la imagen gongorina de “mariposa desatada en cenizas”, de Luis de Góngora en su conocida Soledad I. En el poemario de G. Maire, el laberinto no se encuentra en las búsquedas vanguardistas a través de los pesados collages o en los montajes de tiempo y espacio o en la relación de tramos psíquicos o míticos o históricos, como lo hicieran las vanguardias; es más epidérmico y corporal, requiere sólo de una rama para emerger y  mostrar la fuerza de las cosas, cuando éstas acceden al nombre del que sólo dejan la huella de un cosmos, en cuya necesaria ausencia, los datos palpables son sensibles manifestaciones de un universo inestable y siempre en desgarro. La rama en Maire sostiene como sinécdoque los territorios desconocidos e inciertos del laberinto, uno de los núcleos de las poéticas latinoamericanas (Paz, Lezama Lima, Borges, Sábato, Carpentier y otros).

La enumeración unida ya por el significado semántico o por los  encadenamientos de los versos, sea por ritmo o por los sonidos fonemáticos, da origen a este conjunto de figuras que se yuxtaponen como modos de aproximación a un árbol, un centro que es núcleo de estos textos: el cerezo en primavera, como si su emerger florido presentificara alegóricamente, lo turgente y lo subrepticio a la vez de esta figura, como aparición sinecdóquica de lo “real”.
Ya el poema II, “Kanji”, da cuenta del sujeto, detrás del proceso escritural de ideogramas cuyo trabajo de inscripción se llama “shodo”. Es la textura, que la boca palpa sensual y sensible, de la que el poeta es testigo, es guarda, en el sentido del que cuida y conforma testimonio.
El proceso japonés, a la inversa del occidental encuentra el mundo expresado en lo sensible, mientras que el pensamiento occidental desconfía bajo la influencia platónica y neoplatónica de los cinco sentidos y del cuerpo, aquí ellos son el privilegiado manantial que nutre lo que llamaríamos con la tradición Cristiana: el alma o espíritu.
La hibridación de esta matriz se encuentra presente de pleno en el poema “Sake”, en ese Carpe Diem, cuya melancolía enhebra en compañía del ciruelo del agua y la embriaguez que le provoca su caída (p.16); en “Carta de Amor”, en donde el alejamiento del objeto de amor se muestra en la saudade de la escritura, en la que la imposibilidad del comienzo se cierra sobre el certero final, en un mundo en que la letra es el lugar por donde navega la península, significativa alusión al mestizaje que concluye, indeciso entre su propia subjetividad y la nada que sembró esta empresa, que haría desaparecer una buena cuota de los mundos simbólicos indoamericanos tanto desde la cruel conquista hasta la colonia latinoamericana y aún hasta hoy la debacle continúa en sus mortíferos gestos. 
En “Alegorías de Verano” (p. 37), el pincel, la herramienta de la escritura/ o quizá la del amor, siente la “afonía que tus piernas tocan de madre/ tus ojos dibujándose de vieja esclava”, en que los hipérbatos- las transposiciones del orden gramatical, se unen a las sinécdoques y metáforas para un poema erótico que se desliza en enumeraciones incesantes sobre el cuerpo de la amada. La retórica erótica sigue en Quitasol (p. 40) hasta dejar al sujeto recortado en un par de ojos que miran una mujer pasearse bajo su sombrilla. Este valor fetichista del objeto amoroso ensalza su poder seductor, sabe el valor preciso del detalle que ensalza y ama mientras el sol sigue en lo alto: “yo acaricio tus alas de pluma temblorosa/ tus dolores tranquilos digo nada, / nada entre arrozales  que viajan infinitos/ hasta el sosiego del cielo…” (p.42).
“Tren” (44-47), como conjunto el texto quizá más logrado en esta serie lleva al extremo las elipsis “cuando en tu frente la luz retumba/ como una escalera azotada de compacto marfil/ un revoloteo brillante de aliento/ en la juventud primera y amada”, sigue para decir “en ti palpita/ la guerra del infante y la mujer, /el tránsito terco, anual de los segundos/ y el nervioso deambular entre las infancias”. Los intersticios de una mirada casual siguen a una mirada más gradual e intensa en que el observador piensa en lo que ella observa y dice: “yo sólo por la frontera te reconozco, /silenciosa.... Alfarera del pausado tiempo”, el tiempo transcurre y el sujeto la recuerda, sin verla más: “que en un solo perfil: castaño”. Allí en la fluidez de la memoria, ella y él se funden: “Y  yo no sé que eras tú/ ni yo/ en la cadera que es vestida/ por túnica/ planeta o kimono” (p. 46- 47).
En “Alegorías de Otoño” (p. 57-73), se pregunta: “¿cómo tejiste el laberinto en tus brazos?”, pensando en el castillo Himeji, casi una oda a ese lugar. Una cintura leve lo conduce a pensar en el vacío desde donde “regreso como una sombra de asilo y eterno silencio” (p.61). La historia que “subió médula verde/ al relato en la cumbre de septiembre, mientras la tierra se envolvió de crisantemos/ y el crepúsculo se vistió de jardinero”, poema dedicado al Crisantemo.
 En “Puente de Piedra” (p71-72), las preguntas retóricas son parte de una interpelación sobre el escenario amoroso: “¿Cruzaríamos de la mano isla/ por isla cuando las almendras nos canten/ Sabes diferenciar entre la madera y la luz que no la curva?”, son algunas interrogaciones de las que el sujeto escucha y a las que contesta: “Ay, amor, si de mí te respondiera”. De modo que otoño es el mes de la melancolía, del peregrino que observa la mudanza de las cosas y esto hace que en el poema “Melancolía”, el sujeto portador del discurso se sienta ínfimo (p.73).
En “Alegoría de Invierno”, las dos orillas semejan dos montañas y los poemas, un canto de amor y despedidas, que cierran este texto. Así en “Yuigon” (p.86) dice: “Pasa por mi cuerpo de temblorosa vena/ hasta mi labio de frío,/ solloza la miel en mí de sangre/ en el cuerpo inútil, podrido/ que se desfigura en la sola desesperanza/ del dolor tuyo que despide mi carne”, por otra parte, el poema “Corazón” es la desesperación del adiós  con el que finaliza el texto.
En síntesis, en estos poemas que muestran la alegría del encuentro erótico, el desarrollo del amor y la reunión fugaz de los cuerpos hasta la separación, fluye el paisaje: las montañas, el mar, los ríos, la lluvia, los árboles, las flores, el viento; digamos, la naturaleza como medio expresivo y estetizado del universo en construcción. Desde una poética barroca, recorrida por el amor al mundo y la cultura japonesa aparece este texto, con un sujeto que a veces furtivo se desliza en una mirada, un ojo abierto, un pálpito, un rayo y en otras se enchancha adhiriendo a las primeras formas modernistas en América Latina y al gongorismo que las recorre y vertebra. Figura mestiza y ondulante; por un lado, mirada; por el otro sudor, sexualidad fina y ancha que busca el contacto con el objeto de amor y experimenta las emociones múltiples que tocan desde la observación encantada a la embriaguez; para pasar a la delicia del contacto, a la duda, la nostalgia, el presentimiento del adiós y la dura despedida en el invierno; todo ello estructurado en las cuatro estaciones, de acuerdo al modelo gongorino y la retórica renacentista, de las 4 edades del hombre: niñez, juventud, adultez, vejez.
Esta manera de trabajar en oblicuidad y con esta asimetría oscilante entre el mestizaje latinoamericano, y la delicada textura japonesa, construyen un laberinto textual en que quizá lo más misterioso sea la construcción del sujeto y la particularidad, la diferencia de su habla: alegórica del amor joven y de la sensibilidad japonesa hacia el paisaje y la música impresa en las preguntas y observaciones sobre un mundo en cambio, que no adhiere a las más desgarradas y hasta caóticas formas que han elaborado los artistas latinoamericanos: aquí el caos se aguarda y se configura como otra dimensión de la soledad, como la más antigua forma del laberinto que es el hombre cuando se instala   entre dos modos de aprehender el mundo, desde el habla, la visualidad y su silencio..

Eugenia Brito.
Agosto de 2011.



lunes, 18 de julio de 2011

Entrevista sobre el libro "Bajo cerezos en flor 桜の木の下で"

Entrevista a Gonzalo Maire, autor de «Bajo cerezos en flor»:

«Sería una lástima si percibiéramos todas las cosas limitadamente»

Por Juan Jabbaz


Gonzalo Maire tiene algo que decir y lo hace publicando su primer poemario, «Bajo cerezos en flor» (MAGO Editores 2011). Desde ahora sus palabras comenzarán a transitar en forma de versos por Santiago, de la mano de ciudadanos que difícilmente podrían distarse más del estilo de vida oriental que el autor nos muestra. Maire nos acerca sutilmente, interviniéndola con rasgos occidentales, una poesía caracterizada por la paciencia (paz y ciencia), y que viene a romper con todo aquello que vemos —¿(des)gracias? a nuestra mirada occidentalizada— como absoluto e indivisible. Le abre la ventana al lector para que éste se tome un tiempo y reflexione reconociendo la valoración de las partes. Es así como el poeta encuadra un fragmento de una rama o de una semilla cayendo, para ir adentrándose en lo general.

¿Por qué y para qué escribe Gonzalo Maire?

Yo escribo simplemente porque deseo escribir. Nadie me ha impuesto esta labor, ni he sido conducido a la hora de comenzar a esbozar una palabra, una idea —mínima que fuese— o un poema. Eso sí, han solidarizado conmigo muchas personas, con abundancia para que siga, pero escribo fundamentalmente por ímpetu personal. Pienso que ser poeta no es un trabajo para mí, no es un título obtenido a través de los libros, no es un cargo literario de los críticos o estetas, ni mucho menos una ocupación: por el contrario, pienso en él como un estado inherente al ser humano y, al mismo tiempo, me es prestado solo provisoriamente. Parece esta afirmación una contradicción a primera vista, y también un problema en el fondo: contradicción que este concepto de «poeta» pertenezca al hombre como algo tan propio, y a la vez un nombre prestado; es igualmente un problema en la medida que se piense en términos de la constitución última de la naturaleza humana. Sucintamente me referiré a ello.
El poeta usa sus adecuados medios para llevar a cabo su misión y yo los he ocupado de manera temporal. En ese aspecto cuando digo «escribo porque deseo escribir» no debe ser considerado como un mero capricho de mi persona, sino un principio: ser fiel a uno mismo como hombre. Yo aquí señalo la máxima de la cultura china que conduce todo mi trabajo, el Yen: la capacidad del hombre de crear vida y transmutar las cosas. Entonces, pues, diré que escribo porque intento ser fiel a mi naturaleza humana y la desencadeno al desarrollar mis inquietudes.
¿Para qué escribo? Escribo para que el por qué sea una consecuencia real, aunque sea destinada o leída por una sola persona. Y pagaré, tal vez, con un nombre prestado de poeta, pero sólo brevemente.

¿Podrías desarrollar un poco la idea de poeta como cargo prestado y temporal?

La razón está dada porque es el lector, junto con el campo de acción donde se desenvuelve el poeta, quienes determinan su condición. No soy poeta por mí, ni de acuerdo al por qué escribo ni el para qué, sino que fue porque otros así lo propusieron. Ese otro no sólo es quien asigna y construye constantemente el nombre de poeta en una persona, sino que bien puede arrebatárselo en determinado caso.

Ahora, yendo directamente a tu libro: ¿En qué consiste el proyecto poético de “Bajo cerezos en flor”?

«Bajo cerezos en flor» es una compilación de poemas con temas alusivos a la cultura japonesa ordenados según las cuatro estaciones del año. Esto es lo que lo define formalmente. Sin embargo, este proyecto poético se construyó tomando en consideración el trabajo de Luis de Góngora con el latín: así como él usó elementos propios de esa lengua y los inscribió en el castellano para sus creaciones literarias, yo he usado las diferentes estructuras compositivas japonesas para realizar los poemas, aunque ajustando y adecuando algunos elementos. Por supuesto que se trata de un proceso mucho más simple y modesto que el ejecutado por Góngora, pero fue éste quien me dio una nueva mirada de cómo acercar —provisionalmente— la poesía japonesa a una pluma occidental. De esta manera resultó que, por ejemplo, un poema japonés denominado Tanka ejecutado con versos de 5-7-5-7-7 sílabas, yo lo codifiqué a palabras, siendo ésta la unidad de medición de los versos, si bien un par de poemas son de métrica libre. Igualmente procuré respetar los elementos que debían estar presentes por norma en el poema japonés, así como todo aquello que estuviera dentro de los límites admitidos en nuestro idioma. Además, del Tanka, experimenté con el Sedoka, el Kakuta, el Chōka (mi preferido por la libertad de extensión) y, desde luego, el Haiku.

La obra artística generalmente viene a cubrir o a acusar necesidades, ¿qué fue lo que originó la creación de “Bajo cerezos en flor”?

Este proyecto surge a partir de una carencia: la insuficiencia de literatura —desde las disciplinas que sean— con tópico de extremo oriente, en particular de Japón, producida por personas no oriundas del archipiélago nipón. El material literario que transita consiste, generalmente, en traducciones o compilaciones de obras realizadas por autores japoneses —o extranjeros— sobre la cultura japonesa, más no realizada por nacionales. De todas maneras figuran excepciones, claro está, pero aun así el volumen publicado es escaso. Esto que digo en sí mismo no es un problema verdaderamente importante, como lo es, por el contrario, la nula contribución de un trabajo que asigne a una problemática —independiente del objeto del problema— un enfoque japonés (o del Lejano Oriente). En otras palabras, no es la constitución de un problema particular el pilar de este libro, sino, más bien, la perspectiva con que lo aborda.
Ante ello, este proyecto poético es, en efecto, la enunciación de una opinión sobre la cultura nipona deliberada por un chileno, que observa en ella las respuestas, las analogías y los debates que generan los problemas que atañen a su ser occidental. Estos problemas se desglosan en cuatro puntos: en primer lugar, la relación del ser con el entorno (la naturaleza y la sociedad), la búsqueda de la sabiduría y el cultivo de las virtudes, la relación con la muerte y, finalmente, la medida de lo pequeño y lo efímero (la estética), aspectos atribuidos a la amplia producción artística japonesa.

¿Existe el ideal de traer, a través de la poesía, algunos aspectos del estilo de vida oriental para mejorar el estilo de vida que se está llevando en esta parte del mundo?

Aprendí con la praxis universitaria que si uno pensara, siquiera, en proponer trasladar un conjunto de normas y comportamientos sociales ajenos a los que existe actualmente en Chile, tanto parcial como completamente, —independiente de la intención que se les quiera dar— es una circunstancia favorable para gritar a los cuatro vientos que el autor de esa idea tiene evidentes síntomas fascistoides. Podemos reflexionar dilatadamente las razones que estimulan a tal reacción colectiva. Y para bien o para mal, rehúyo de caer en esa situación.
Por lo mismo, también creo que es algo que no tiene rendimiento a nivel comunitario, a nivel social. Un discurso dispuesto para grandes masas de personas genera irremediablemente suspicacias respecto a los intereses del discurso y la recepción del mismo. En vez, sólo diré que mi intención como autor es servir al debate de cómo entendernos y pulirnos a nosotros mismos —no desde un punto de vista particular, como país, como chileno o como rol, sino respecto a nuestra constitución humana— desde una vertiente paralela y complementaria de pensarse culturalmente, a través de la tradición japonesa. Esto, sin embargo, entendiendo que la sociedad japonesa presenta valores y un estilo de vida propicios y viables de considerar en nuestra forma de ser, y que, por lo menos, debemos dar la oportunidad de hacer reflexión, sin eludir que también tienen sus defectos y sus vicios para nuestros ojos occidentales, que refrendan constantemente a los japoneses.
Por el contrario, sí considero que reflexionar en torno a valores y estilos de vida nipones pueda ser beneficioso en la medida que sea a nivel individual: porque todo aquello que es una herramienta para alcanzar un grado de sabiduría es bienvenido en el pensamiento de todo ser humano, y esto se consigue en una relación personalizada, individual, que posteriormente se vierte hacia un otro. Por tanto, reitero: yo ofrezco una opinión respecto a un evento, Japón, una perspectiva donde el lector deberá reflexionar y sostener en una balanza, de acuerdo a sus principios y máximas como ser humano, si la información valórica, estética, simbólica, cultural, etc., que se manifiesta en el libro está en sintonía con su pensamiento y, últimamente, decidir. Ese decidir resulta ser lo más importante de todo: es un pilar en la cultura japonesa, y particularmente en el arte japonés; puesto que finalmente es el observador, el receptor, quien concluye la obra —hecha a priori de manera acaba, imperfecta— cuando la indaga infinitamente y le otorga un sentido para él.

Para ti entonces, ¿cuáles serían esos elementos de vida propicios para considerar?

La cortesía y la prudencia son dos de ellos. Muchos creen que el exceso de ellos hace que los japoneses sean fríos, pero no lo veo de esa manera. Ellos no demuestran sus emociones, que es diferente a sus sentimientos. Nosotros somos personas que no nos sabemos controlar y hacemos estallar las emociones como un torrente, somos muy desequilibrados. El japonés es diferente, puesto que busca un equilibrio puede orientar sus sentimientos con más claridad y hermosura.

¿Con qué se va a encontrar el lector de “Bajo cerezos en flor”?

En pocas palabras, el lector se descubrirá con un libro de poesía que va siempre de lo particular a lo general: desde el título del libro, el nombre de los poemas, la temática, el contenido, etc. En muchos sentidos «Bajo cerezos en flor» sigue el encadenamiento que ha dejado la historia del arte japonés, a saber, que la obra artística es el comienzo, de modo imperfecto, abierto, incompleto, para la puesta en escena del rol del receptor activo, una figura primordial en el entramado artístico nipón, quien continúa la obra con su propia meditación. Lo mejor de todo es que ésta no se finiquita: sería una lástima si percibiéramos todas las cosas limitadamente.
Asimismo, anticipo que el lector de este libro se percibirá inmerso en una relación entre su propia integridad con la naturaleza, concebida de dos maneras adjuntas: como todo aquello que es descubierto por nuestros sentidos, lo sensorial, y como por aquello que está más allá de nuestro límites como seres vivientes, y en la misma abertura (sin nunca intuir completamente esa «cosa» desconocida que nos afecta todavía), nos constituye en unidades indivisibles, e íntegras, dentro de la multiplicidad de lo creado.

¿Podrías nombrar algunos autores, artistas u obras japonesas que hayan sido significativos para ti?

Respecto a autores japoneses, encarecidamente recomiendo a Matsuo Basho. Es un encanto revisar sus poemas haiku, por su simplicidad, calidez y virtuosismo, pero entre sus obras ensalzo «Las Senda de Oku»: una auténtica pieza testimonial de su vida y pensamiento. Definitivamente es una influencia a lo que pretendo alcanzar en esta vida. De la misma manera, Hagakure, un libro elaborado a partir del código de los samuráis, es una obra reveladora en mi formación. Allí se encuentran los principios de rectitud y honor aplicables a los guerreros japoneses, aunque bien es ampliable a todo ser humano.
Para finalizar, dejo un artista que no es literato, sino un actor, pintor y cineasta: Takeshi Kitano. De su extensa producción me ha producido gran afección la obra «Dolls», producida en el año 2002: si en mí el lector pudiese ver alguna señal o síntoma de suave angustia, pena o melancolía, créame que esa obra cinematográfica es mi ligadura directa. He dejado este film para el final porque lo considero una síntesis de las características innatas de la cultura y el arte japonés, así como de aquello que he expresado en esta entrevista.


viernes, 15 de julio de 2011

Lanzamiento del libro de poesía "Bajo cerezos en flor 桜の木の下で"

Mago Editores, el Museo La Merced, el Instituto Cultural Chileno-Japonés y la Fundación Chileno-Japonesa para la Cultura invita cordialmente a usted (s) al lanzamiento del libro de Gonzalo Maire "Bajo cerezos en flor 桜の木の下で", a realizarse el 11 de agosto de 2011 a las 19 hrs. en el museo La Merced, ubicado en calle Mac-Iver 341, Santiago Centro.
Presentan: Ariel Takeda, Eugenia Brito y Juan Jabbaz. 

  


jueves, 12 de febrero de 2009

Poesía de la dinastía T’ang.

Un amigo, Rodolfo Briones, muy amablemente me hace entrega de un archivo que compila una serie de poemas pertenecientes a la dinastía T'ang (唐朝) en China. Pues bien, me  decido compartir estos poemas con todos los lectores de este blog. Sólo me permito hacer hincapié en que, justamente, en esta dinastía la poesía -y en general la literatura- alcanzan un alto grado de desarrollo. Por ello se considera la época dorada de las letras en China. Las causas son de diferente índole, tanto tecnológicas, por ejemplo el surgimiento de la imprenta, como religiosas e intelectuales, manifestadas en el espíritu confucionista que estaba impregnado en la corte. Por último, sin más preludio, los invito a leer los siguientes poemas chinos y su introducción realizada por Raúl Ruy.



Selección de poesía china de la Dinastía T´ang. (618-906)



Introducción

La dinastía T'ang (唐朝) es considerada comúnmente como la Edad de Oro de la poesía. Casi todos los miembros de esta dinastía, desde su fundador hasta el último gobernante, fueron grandes amantes y protectores de la poesía y a veces poetas ellos mismos.


Debería rendirse especial tributo a la emperatriz Wu Chao (武后) (684-704), gracias a cuya influencia la poesía se convirtió en un requisito para los exámenes (chin-shih) y en una importante carrera que llevaba al ascenso en los cargos públicos. Esto hizo que cada funcionario, así como también todo estudioso, se convirtiese virtualmente en un poeta.


Era un hecho frecuente en China que los poetas, aun los mejores de ellos, dedicasen sus primeros años a alguna forma de servicio público. Siglo tras siglo los poemas chinos reflejan la profunda dedicación de sus autores al bien del Estado, su resuelta y firme lealtad a la justicia, aún cuando ello significare la remoción, el destierro o la muerte.


Los dos puntos esenciales de la poesía china son la concentración y la sugerencia. Un rasgo favorito de su verso es la "detención brusca", poema que consta de cuatro líneas, respecto del cual un crítico ha explicado que sólo las palabras se detienen mientras el sentimiento continúa.


Una honda simplicidad que toca muchas fuentes ignotas, un profundo respeto por los nobles usos de la holganza, cosas que los modernos críticos de la vida nos han enseñado a despreciar: éstas son la técnica, la composición y el color de toda su obra.


Completo abandono a un modo particular, hasta que el modo mismo abandona al artista, y luego el incesante silencio que asiduamente trabaja hasta que ha sido lograda una forma digna de su expresión: éste es el método de Li Po y de sus discípulos. Y en cuanto al ocio, ello significa la vida con todas sus posibilidades de belleza y romance. El artista está diciendo siempre: "¡Deteneos un momento! ¡Mirad, he captado un instante de la eternidad!".


(...) Hay momentos en que China nunca será comprendida, pero otras veces la sola línea de un poema, un sólo trazo de pincel sobre una hoja de seda, o tal vez, alguna canción cantada por una muchacha en un arrozal, nos dirán mucho más de lo que podríamos aprender en los libros.


(...) Han hecho del lenguaje algo más delicado que la seda más suave; han cultivado deliberadamente su sensibilidad hasta tal grado que el ruido producido por la caída de un pétalo puede ser más estrepitoso que el derrumbe de los imperios...


Raúl Ruy




EN BUSCA DEL ERMITAÑO DE LA


COLINA OCCIDENTAL

Sobre la distante cima del monte

hay una cabaña;

Un sendero serpentea treinta li 1

hacia lo alto;

Llamo a la puerta

pero ningún criado responde;

Echo una ojeada y sólo veo

una mesa y un banco.

Quizá fuiste de paseo

en tu silla de manos,

O estarás pescando

en las aguas otoñales.

Como golondrinas que girasen y se sumergieran

pasamos sin toparnos.

Con propósito firme permanezco

mirando fijamente al cielo.

La hierba se ha vigorizado

con la lluvia reciente.

Al atardecer, junto a tu ventana

suspira el viento en los pinos.

Al detenerme allá me siento

pleno de paz y tranquilidad.

La escena y el sonido aguzan

el ojo y el oído;

Aunque no hay

huésped ni anfitrión

He captado el significado

de tu filosofía.

Cuando el éxtasis se hubo extinguido

descendí de la montaña.

¿Para qué habría de aguardar tu llegada?

Ch'iu Wel
1 medida itineraria china equivalente a 577 metros aproximadamente.

VISITA A LOS TORRENTES DEL ARROYO BLANCO

Atravesé el Arroyo Blanco

en su estrecho cauce

Cuando la Aurora recién

hendía la maraña de estrellas

Y se desembarazaba de las sombras. Y vi

De paso un instante, desde los trillados

caminos de los hombres,

Innumerables islas, circuidas

Con los colores verde y oro de la naturaleza.

El cielo tendía

el espejo azul de la eternidad

Sobre las aguas relucientes. Una a una

Las nubes se hacían a la mar.

Mis errantes pensamientos

Divagaron adonde los monstruos

de cota de plata

Recorren velozmente

sus arroyos nativos.

Canté melodías

Que crecieron al promediar el día,

menguaron con el atardecer

Y cesaron al caer la noche.

Luego busqué el reflejo

de los aleros de las casas,

en medio de los campos

iluminados por la luna.

Li Po
PLATICA EN LAS MONTAÑAS

Si me preguntasen por qué habito

entre las verdes montañas,

Reiría silenciosamente;

mi alma está en la calma.

El capullo del duraznero

sigue el movimiento del agua;

Hay otro cielo y otra tierra

más allá del mundo de los hombres.

Li Po
UNA TARDE DE VERANO EN LAS MONTAÑAS

Sentado en un verde bosque,

con la camisa abierta,

Agito suavemente su abanico

de blancas plumas.

Me quieto el sombrero y lo suspendo

de una roca que sobresale;

Desde los pinos la brisa se desliza

sobre mi cabeza desnuda.

Li Po
UNA VISITA A CH'ANG, EL TAOISTA

RECLUIDO DE NAN-CH'I 1

A lo largo del camino

cubierto de musgo,

En dirección a tu choza,

descubro las huellas

de tus pasos.

Blancas nubes yacen ocultas

sobre tu silenciosa isla;

Fragantes hierbas crecen

hasta la altura

de tu inútil puerta.

Un chubasco pasajero

revela el color

de los pinos.

Vagando por los cerros

hallé el nacimiento

de un arroyo.

Arroyo, flores, meditación:

todo es uno y no sienten

la necesidad de hablar.

Liu Chang-Ch'ing
1 Lit. "barranca occidental"

RIO NEVADO

Un centenar de colinas

y ningún pájaro;

Un millar de sendas

sin una huella;

Una barca solitaria;

una cobertura de bambú.

En el frío río nevado

un viejecito pescando.

Liu Tsung-Yüan
MAÑANA DE PRIMAVERA

Durmiendo en primavera

no se advierte el alba

Hasta que por doquier resuena

el reclamo de las aves.

Pero anoche oí el estruendo

del viento y la lluvia

Y me pregunté: ¿cuántos capullos

se habrán dañado?

Meng Hao-Jan
DE PASO POR EL CORTIJO DE UN VIEJO AMIGO

Un viejo amigo preparó un pollo

y un budín de mijo,

Y me invitó a comer

a su casa de campo.

Verdes árboles circundan

su cortijo.

Los cerros azules

descienden a lo lejos.

Frente a una ventana abierta

el vergel sale a mi encuentro.

Bebemos vino y charlamos

sobre las moras y el lino.

Espérame hasta el noveno día

de la novena luna

Volveré de nuevo a saborear

tu vino de crisantemo.

Meng Hao-Jan


SOBRE LA TORRE DESDE LA CUAL


SE DOMINA EL RIO

Junto al río se yergue

la torre de cien pies de alto;

Por allí pasa una extensa

carretera de mil de millas;

Contemplar el lejano horizonte

desde esta altura

Me basta para confortar

la mente y el corazón.

Los correos no se detienen

a todo lo largo del camino,

Los soldados se precipitan

hacia sus guarniciones.

En tiempos tan turbulentos

Siento de manera especial

que es bueno estar ocioso.

Ahora que he pasado los cuarenta,

En verdad, no es demasiado pronto

para que me retire.

Déjame que ahora limpie

los vestidos manchados de polvo.

No es demasiado tarde

para que retorne a los cerros.

Po Chu-I
A LI CHIEN 1

En los tiempos

para encauzar el curso de mi vida,

Directamente acudí

a CHUANG TZU2

Pero en años recientes

la mente es mi universo;

Me convertí a la DHYANA

de la escuela del Sur 3.

Exteriormente, acepto

el mundo tal cual es;

Intimamente, supero las limitaciones

que imponen los sentidos.

Afuera, no siento aversión

por la aldea o la Corte;

En mi casa, no siento apego

por la compañía de los hombres.

Desde que aprendí este arte,

adondequiera dirija mis pasos

Mi mente está en sosiego

y hallo que no necesito

De inflexiones y estiramientos 4

para el bienestar de mis miembros;

Ni de ríos o de lagos

para aquietar los pensamientos.

Si tengo propensión al vino,

algunas veces bebo;

Si estoy libre de empleo,

a puertas cerradas me siento

Silencioso y tranquilo

hasta muy tarde en la noche,

Y al siguiente día, duermo profundamente

hasta que el sol está muy alto.

No me causan pena, en otoño,

las noches largas;

No me lamento, en primavera,

por los días que pasan.

Enseñé a mi cuerpo que olvide

si es joven o viejo,

Y a mi ánimo, que estime lo mismo

la vida y la muerte.

En la plática que sostuvimos

ayer, cuando te vi,

Diste a mis pensamientos

lo que llaman "corazón y médula" 5,

Poorque también mi Camino es

como "lo inexpresable" 6,

Y a no ser por ti, jamás

lo hubiese comprimido en palabras.

Po Chün-I
1 Li Chien (764-821) perdió a su padre a muy temprana edad y fue educado por su madre que era una devota budista. Como ella no le permitiese que comiera carne a él, por deferencia a sus principios permaneció vegetariano toda su vida.

Pero se dedicó a los estudios confucianos, especializándose en el Libro de los cambios (I CHING) y en las Crónicas de primavera y otoño (Ch'un Ch'iu). (V. A. Waley, po Chü-I, pág.97.)

2 Chuang Tzu (c.330A.C.). El más brillante de los escritores taoístas. De sus obras, uno de los párrafos más citados, quizá, que ningún otro-Aunque en modo alguno el más medular de su posición filosófica- es aquel en que su autor titubea en afirmar: "si él es Chuang Tzu que sueña que es una mariposa, o es una mariposa que sueña que es Chuang Tzu".

3 Dhyana, voz sánscrita que significa "meditación". Se refiere a la secta budista china Ch'an (Zen, en japonés), de la Escuela del sur, rama fundada por el patrairca Hui-Neng (638-713).

4 Ejercicios espirituales taoístas, muy parecidos al Hatha Yoga de los hindúes.

5 Referencia al Shu Ching ("libro de la historia"), V.25.3.

6 Se refiere a las palabras preliminares del Tao Te Ching.