domingo, 7 de diciembre de 2008

El secreto de la vía del sable


Un joven fue un día donde un Maestro de Kenjutsu (剣術)¹ para ser un alumno. El maestro acepto y dijo: "A partir de hoy, tu irás cada día a cortar troncos en el bosque y a buscar el agua en el río". Y esto fue lo que el joven realizó. Después de tres años, se dirigió al maestro y dijo: "Yo he venido para aprender la esgrima y, hasta ahora,  ni siquiera he pasado la puerta del Dōjō (道場)²". "Muy bien, -le dijo el Gran Maestro-, pues hoy tu entrarás. Sígueme y, desde este momento, tu haces toda la marcha alrededor de la sala, pisando cuidadosamente el borde del tatami (畳)³, pero sin traspasarle jamás..."


El discípulo practicó el ejercicio durante un año, al fin del cual él se encolerizó hasta tal punto que se dirigió al Maestro y grito:  "Me voy, no he aprendido nada del arte que vine a aprender, así que me marcho..."


"No, -le dijo el Maestro- hoy voy a continuar enseñándote. Ven conmigo..."


El Maestro llevó al joven frente a una montaña, seguidamente al borde de un precipicio enorme. Un tronco de árbol estaba haciendo de puente sobre el vacío.


"Pues bien, pasa para el otro lado", dijo el Gran Maestro al discípulo, que estaba lleno de terror y pavor.


Mirando al abismo, lleno de miedo y de vértigo, el joven estaba paralizado. En ese momento llega un ciego, que tanteando con su caña, sin rechistar, se mete sobre el frágil pasaje y pasa tranquilamente. No fue preciso más para que el joven perdiera el miedo y a su vez pasará rápidamente al otro lado.


Su maestro la grita: "Tu dominaste el secreto de la esgrima: abandonar el ego, no temer a la muerte, ser indiferente a las circunstancias adversas. Cortando troncos, desarrollaste la musculatura, marchando con atención al borde del tatami perfeccionaste tu equilibrio, y mira, hoy tu comprendiste el secreto de la "vía". Creo que serás entre todos el más fuerte...


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1_ Recinto diseñado para entrenar artes marciales, o bien, un lugar para la meditación.


2_ Arte del combate con la espada. Su comienzos se remontan a la época de los samurais en el período feudal de Japón.


3_ Esteras originalmente de paja que se usan en las casas japonesas.



domingo, 30 de noviembre de 2008

Nihon Matsuri '08



Este 5 y 6 de diciembre, de 12:00 a 21:00 hrs en el patio de la Escuela de Artes y Oficios de la Usach, se realizará la versión 2008 del Nihon Matsuri. El festival contará este año con concursos, muestras de artes marciales, talleres, stand y charlas sobre Japón.


Organiza: Licenciatura en lingüística aplicada a la traducción inglés-japonés de la Universidad de Santiago.


Entrada Liberada.


Programa:


5 de diciembre.



12:00:  INAUGURACIÓN Escuela de Artes (Patio 1)
Discurso y Cocktail
12:50:  MÚSICA JAPONESA Escuela de Artes (Patio 1)
Toshiro Murata
14:00:  CHARLA ARQUITECTURA JAPONESA “TRES CIFRAS DEL ESPACIO
FUNDAMENTAL PARA LA SENSIBILIDAD” Sala 582 (Gimnasio)
Profesor Aldo Hidalgo H.
14:45_  CHARLA Religión Japonesa Sala 582 (Gimnasio)
Profesor Luis Díaz
15:30:  CHARLA Medicina Tradicional Jap. Sala 582 (Gimnasio)
Profesor Patricio Ogino - Terapéuta Shiatsu
16:15:  TALLER DE”IDIOMA JAPONÉS” Sala 582 (Gimnasio)
Joel Martínez Carrera de Traducción
17:00:  CEREMONIA DEL TÉ Escuela de Artes (Patio 1)
Profesora Junko Kuroda

6 de diciembre.

11:30:  KARATE (Gimnasio)
Mario Gonzalez Equipo USACH
12:15:  AIKIDO (Gimnasio)
Jules Guichou Equipo USACH
13:00:  KENJYUTSU (Gimnasio)
Patricio Pavez Instituto”NITTEN”
14:00:  MÚSICA JAPONESA Escuela de Artes(Patio 1)
Grupo “CHIPÓN”
14:45:  Taller de”IKEBANA” Casino de Patio 1
Profesora Irze Kuzjukevica
15:30:  MÚSICA JAPONESA INSTRUMENTAL Escuela de Artes (Patio 1)
Grupo “AKATOMBO”
16:30:  BAILE JAPONÉS Escuela de Artes (Patio 1)
Alumnos de Carrera deTraducción,USACH
17:00:  Concurso KARAOKE Escuela de Artes (Patio 1)

Más información en: http://www.nihonmatsuri.cl/

domingo, 23 de noviembre de 2008

Breves apuntes y antecedentes sobre el arte coreano contemporáneo.



Autor: Nam Kwan.  Título: "Jardín invernal". Óleo sobre tela, 60.5 X 72.7cm. 1966.


Corea vivió un siglo XX bastante agitado, tanto políticamente como en su esfera social. El país estaba siendo remecido por confrontaciones internas y extranjeras que censurarán la libertad de expresión, convirtiendo a Corea  en un país subsumido culturalmente. Por ello, el factor político, bélico y cultural jugarán un papel fundamental en la conciencia coreana del arte contemporáneo en dos aspectos: por un lado en determinar el lugar que estaba ocupando la producción coreana "moderna" de arte, y, segundo, más importante aún, dar cuenta de la crisis identitaria de las manifestaciones que en aquel entonces se constituían en el medio local. De las razones de la autoconciencia de la falta de tradición artística moderna, así como señalar una breve reseña de los dos primerps movimientos que intentó sentar las bases de la formación contemporánea del arte coreano, es el objetivo general que abordará el presente ensayo, antecedente de un futuro trabajo de más larga extensión.


El siglo XX en Corea queda determinado por dos hechos históricos potentes: la ocupación japonesa y la guerra de Corea. Respecto al primer punto, la ocupación japonesa, las consecuencias que ocasionará en el arte coreano son importantes. Una de ellas, y tal vez la principal, es dejar al país con una crisis identitaria respecto su tradición moderna del arte. Pues, ya a fines del siglo XIX Japón y China se habían abierto a las relaciones con occidente, por lo tanto, la circulación de influencias artísticas con los nuevos movimientos occidentales resultó interesante y provechoso para ambas culturas asiáticas, pero Corea aún permanecía en el anonimato. Y, cuando el país por fin vislumbraba una salida hacia el mundo de occidente, en 1910, sufre el dominio japonés, quedando filtrado, tanto económicamente como culturalmente, al país del sol naciente. Culturalmente Japón impondrá su sistema en Corea, aplicando en los estudiantes coreanos las enseñanzas niponas y el estudio de su historia. Económicamente, Corea será explotado en beneficio japonés, a costa de la hambruna de la mayor parte de la población coreana. Y, en el terreno que nos convoca, el arte, la influencia del arte moderno occidental que llegará a Corea será por medio de un filtro japonés, siendo una transferencia mediatizada por la economía de la representación nipona (es decir, su gusto estético). Este proceso no se verá interrumpido fuertemente por la Segunda Guerra Mundial, sino en su culminación. En efecto, el término de un período coreano subordinado a un concepto de arte moderno japonés coincide con el período de liberación de  la península y el nuevo proceso que se pone en marcha: los problemas internos que conducirán a la guerra de Corea.


Pero el problema principal no se haya en la liberación coreana de Japón, ni en la consiguiente guerra civil, motivada por las potencias ganadoras después del '45, sino en el proceso que está entre medio de ambos: el período de la autoconciencia. El período de post liberación coreana es inestable en el campo social: Japón abandonaba el sistema implementado, retirándose, mientras Corea tambaleaba sin un sustento estructural y regulativo de las capas sociales. En el arte, logran atisbarse las primeras luces de una conciencia de pérdida de bases artísticas. Esto llevó a que los artistas coreanos se dieron cuenta de la siguiente cuestión: Corea no poseía una tradición artística respecto al arte moderno; (en relación con movimientos occidentales);  debido a  que Japón era el filtro occidental que la península poseía, y al desaparecer el lazo que los mantenía con occidente se vieron flotando en una incertidumbre artística. Aquí comienza el gran paso del arte coreano contemporáneo: la autoconciencia. Esto conllevaba la autoreflexión en dos ámbitos; por un lado, la reflexión sobre el contexto social contingente con el consecuente rechazo a la guerra, y por otro, el pensarse como artista de Corea y lo que ello implicaba. Esto dio promovió a la conformación de grupos vanguardistas en Corea con el fin de crear una fractura con la tradición moderna japonizada del arte, ya anticuada y sin sentido para los jóvenes artistas de posguerra.


Con estos antecedentes surge el primer movimiento que vanguardista de Corea, el Art Informel. Este surgió a finales de la década de los '50 como una agrupación de artistas de post-guerra, fuertemente influenciados por el expresionismo francés. La razón se debe a la similitud de procesos sociales que vivía Europa y Corea, ambas finalizando etapas bélicas que tendrán un fuerte arraigo en el pensamiento artístico. Así lo expresa parte del manifiesto del Art Informel, leído en 1958: "debemos reafirmar la vida en este caos presente". La postura del grupo presentaba dos grandes raíces: por un lado, la búsqueda de la espiritualidad y la paz que tanto necesitaba la sociedad coreana, y por otro, sentar bases para la consolidación de una identidad artística coreana contemporánea.  El movimiento se disuelve alrededor de 1965, dando paso a un nuevo proceso: el Arte Restaurador y Expansionista. Lee Yil, crítico de arte y profesor de Historia del Arte en la Universidad Hong-ik, considera esta proceso crucial en la historia del arte coreano, pues, según sus palabras, constituiría un punto de inflexión estético y respecto a movimientos vanguardistas. Tras la saturación del Art Informel, los artistas coreanos volcaron su atención al arte de los objetos, cuyo referente fue Marcel Duchamp. Sin embargo, a diferencia de Francia, los artistas coreanos intentarán utilizar materiales no manufacturados, sobre todo en el campo de la escultura. El Movimiento Expansionista tuvo su primera aparición en 1968, en la exposición de los grupos Cero, Espacio y Tiempo. Respecto al término Restaurador, proviene de una de las bases fundamentales del movimiento American Post-Painterly Abstraction, un movimiento en oposición al expresionismo abstracto y la pintura en acción. En Corea se verá reflejado en obras de colores planos y cualidades lineales en sus formas.


De aquí, en adelante, los movimientos coreanos contemporáneos seguirán una línea de investigación visual que dará cuenta del intento de superar la hegemonía nipona implantada en el campo artístico. La línea a seguir por los artistas será, por un lado, innovar en procedimientos artísticos, como referencia desde occidente, pero adaptados a las necesidades coreanas, y por otro, buscar una identidad artística que sea coherente con la tradición histórica coreana antes de la ocupación japonesa.




Autor: Ha InDoo. Título:  "Espíritu ardiente".  Óleo sobre tela, 130.6 X 162cm.  1988.








domingo, 16 de noviembre de 2008

Introducción al manga: Orígenes históricos y algunos fundamentos estéticos.







En Japón existe un género similar a lo que en occidente denominados cómic o historieta. En el país nipón recibe el nombre de manga (漫画), término atribuido al pintor y grabador Katsushika Hokusai (江戸時代), quien vivió en el período Edo (江戸時代[1]), y fue uno de los artistas más destacados del género ukiyo-e (浮世絵)[2]. En aquella época, Hokusai utilizó la palabra manga para referirse a los dibujos humorísticos e informales, de índole satírico de su época. Sin embargo, hoy dicha palabra tiene una connotación diferente, remitiéndonos al al arte de narrar una historia combinando dibujos y textos, realizados a base de líneas y coloreados sólo con tinta china y tramas,[3]e inscritos en una secuencia temporal determinada.



La industria del manga, en el siglo XXI, ha llegado a su auge tanto en producción como masificación: cerca del 40% de todas las publicaciones de revistas y periódicos japoneses corresponden a este género. Miles de ejemplares se imprimen y distribuyen por todo el territorio nipón: desde publicaciones en periódicos sencillos, de tiraje diario, hasta revistas recopilatorias especializadas en papel de lujo, publicadas semanal o semestralmente. Decenas de temas diferentes constituyen los argumentos empleados en el manga, destinados para públicos de edades y sexos distintos: desde niños, escolares y adolescentes, hasta hombres y mujeres mayores. La razón de tan rápido crecimiento de la producción de este género, es debido a que el japonés ha considerado el manga como un arte representativo de su herencia artística, legado que pasaremos a revisar en este texto.


El presente ensayo tiene por objetivo señalar la relación entre el manga y el arte japonés a través de sus primeros antecedentes históricos y estéticos. En cuanto a los antecedentes estéticos, señalaré algunos que comparte tanto el manga y el arte japonés, en general. Respecto a los antecedentes históricos, abordaré la pintura Yamato-e (大和絵) y E-maki (絵巻), realizadas en la época Heian (平安時代). Por último, plantearé la relación entre el manga y el arte nipón en general, aplicando dos ideas de la representación en el manga: la forma realista y la deformidad emotiva; la primera deja en evidencia la influencia occidental, la segunda, la relación con el arte propiamente japonés.




Sabi, Wabi, shibumi:  una clave de la estética japonesa y el manga.



El desarrollo del arte[4] en Japón ha sido causa de un indeterminado número de factores que han ido moldeando el pensamiento artístico japonés y, por supuesto, también al manga. El gran concepto que recorre todas las manifestaciones artísticas del Japón, es el principio de interioridad. Este principio se manifiesta en la simplicidad de los diseños en las obras, así también en la imperfección en las mismas, con vistas a la participación activa del espectador y la compenetración del mismo con la obra. Es decir, el sentido de interioridad busca la incompletad de la obra artística, por medio de la simplicidad y la austeridad de las formas, con el fin que el espectador complete la incompletad con su propia imaginación. Este sentido de interioridad lo veremos de manifiesto en, prácticamente, toda la historia del arte nipón. Si bien hay también en algunas escuelas – por ejemplo algunas escuelas de cerámica – un principio de exterioridad, caracterizándose por lo ostentoso de sus figuras y detalles es, sin embargo, la minoría artística. Es quizás éste el tipo de estética japonesa con el cual nos relacionamos en occidente: lo detallístico y recargado de elementos. Un gran filósofo budista, Suzuki Daisetzu, nos expresa, a propósito de lo dicho, lo siguiente: “la belleza no está en la forma exterior, sino en el significado que expresa”.[5] Siguiendo la misma idea, Fernando García, filósofo español, orientalista y estudioso del arte japonés, toma tres conceptos pertenecientes a la estética japonesa y los desarrolla, considerándolos un pilar en el pensamiento artístico nipón. Estos conceptos, que paso a exponer en las líneas venideras son: sabi, wabi y shibumi.


El primer concepto, sabi ()[6], fue aplicado en el arte por el monje budista Zeami quien, siguiendo los principios del Zen, buscaba un desligamiento del mundo de los fenómenos hasta encontrar el estadio de mushin (無心), es decir, el nivel de la nada o el vacío absoluto. Fue en esta búsqueda espiritual que Zeami aplica el concepto de sabi, a la carencia absoluta de distinciones entre el objeto y el sujeto. Implica, por lo tanto, una renuncia de la belleza sensible en vistas a experimentar el sentimiento que suscita estar en medio de la soledad. Precisamente en este abandono de las formalidades de la belleza sensible –sin que con esto se empobrezcan en lo más mínimo las representaciones- Zeami encuentra una belleza esencial, en la cual todas las formas de que nos hemos despojado se encuentran de muchas maneras ennoblecidas.


Otro concepto relacionado muy íntimamente con sabi, es la idea de wabi (). Sabi tiene más relación con el sujeto: cómo éste se relaciona con las cosas y los fenómenos naturales. Wabi es su consecuencia directa, un estado de la vida, una forma de existencia del sujeto y una manera de desenvolverse en esta realidad fenoménica. La palabra wabi expresa la idea de pobreza, un desligamiento de los bienes materiales y una evocación a la simplicidad. Busca despojar a la belleza de toda apariencia ficticia, que nos imposibilita para relacionarnos con lo esencial. Es un desesperado y casi melancólico viaje hacia una belleza cruda: bruta y pura, libre de cualquier adorno que engañe a nuestros ojos. Wabi (en el fondo de su significación) es honestidad y sinceridad con uno mismo. Un monje budista llamado Shuko (1422 -1502) observó en Awataguchi Zempo una realización ejemplificadora del wabi: “un hombre que podría gozar durante toda su vida hirviendo y preparando agua para su té en el mismo recipiente: un hombre de corazón puro”[7]. Wabi se opone a todo lo que entendemos por barroquismo que, dicho sea de paso, nunca tuvo mayor penetración en el arte nipón, decayendo a los pocos años de su llegada[8].


El último concepto, y que engloba de manera aceptable la estética japonesa, reside en el nombre de Shibumi (渋味), o en su forma adjetivada: shibui. Este concepto vendría siendo la realización práctica del sabi y el wabi, los cuales están integrados dentro del shibui. Este último concepto se aplica a una obra artística que es familiar al sujeto, es decir, una obra que se inscribe en la cotidianeidad. Por ejemplo, los vasos para realizar la ceremonia del té, en la medida que son obras artísticas, en cuanto elaboración bajo una escuela y procedimientos acordes a ella, y a la vez son puestos en la vida cotidiana del espectador. De ello derivamos que shibui evoca a una obra que es sencilla (en estructura y composición), simple (en cuanto diseño y ornamentación) y cercana (en la medida que se instala en la vida diaria). Yanagi Soetsu (柳宗悦), un tratadista de estética del siglo XX, se pregunta al respecto: “¿Escogieron, acaso, los maestros de la Antigüedad objetos especialmente bellos para su uso, entre aquellas obras que fueron hechas con el único fin de mostrar su belleza?”[9]. La respuesta es no. Siempre se ha preferido una obra que sea familiar y cotidiana para todos, una obra de belleza cercana, en ningún caso ideal, con la cual nos relacionaremos en esta vida transitoria, cada día, cada momento. La belleza que buscan los japoneses se encuentra sólo en la privación de la misma, en el despojamiento de lo decorativo. Aquí, en la relación práctica de la estética japonesa, el arte se une con la vida; pasa a ser una parte de ella, una parte del vivir diario y una parte de aquello que es familiar a nuestros ojos.



Primeros antecedentes del Manga.




Los antecedentes del manga se remontarían al período Heian (794-1185), época en que se originan la pintura yamato-e (大和絵[10]) y e-maki (絵巻). Ambas son las primeras manifestaciones propias de arte en Japón, estableciendo una diferencia notable con el arte chino que venía influenciando todas las expresiones artísticas hasta ese entonces. El surgimiento de estos estilos nipones –ya propiamente dicho- se sitúa en un período de estabilidad económica, en el cual la aristocracia tuvo la tranquilidad suficiente para dedicarse al cultivo de las artes y la educación. Se le denominó pintura yamato-e a todas las escuelas que expresaban por medio de la pintura motivos o temas japoneses. La mayor parte de estos artistas se inspiraban en la ciudad de Kyoto para realizar sus obras, ciudad que es una vertiente inagotable de belleza debido a sus frondosos bosques y paisajes exteriores, elementos naturales propios y característicos de Japón. Esta inspiración en Kyoto (京都) produjo que los trabajos de estos artistas se caracterizaran fundamentalmente por el gran colorido e inmensa emotividad que expresaban, los cuales adornaban los interiores de templos y palacios. En la pintura yamato-e se pueden diferenciar cuatro tipos de representaciones, según los más entendidos en la materia: las inspiradas en paisajes japoneses, las que plasman los trabajos del año, aquellas atraídas por la literatura nipona, y por último, las que tenían motivos relacionados con las estaciones del año. La más importante escuela yamato-e era la denominada Tosa (土佐); poseedora de un estilo que mezcla la estilización de las figuras con la síntesis de las formas. A esta escuela se le atribuyen cuatro rollos monocromos llamados Chojugiga (鳥獣戯画), los cuales serían el primer antecedente del manga moderno. Los Chojugiga presentan a una serie de animales con características antropomórficas realizando actividades humanas. Las formas de los animales son perfiladas con suavidad y refinamiento: líneas simples dan forma a sus cuerpos. En las partes donde se ejerce presión, ya sea por una articulación de los miembros o simplemente por la textura del cuerpo representado, la línea se vuelve gruesa y cargada; sin tras esto perder ni una sola gota de la fluidez y soltura del movimiento de estos seres mágicos. El ambiente presentado en el que están inmersos estas figuras es vano, amplio y abierto; dejan los cuerpos una atmósfera de independencia y libertad en la economización de recursos: aquí hay una belleza en lo simple, lo simbólico, lo poco ornamentado y carente de detalles, es decir, en la sobriedad. En los Chojugiga, cada figura es incompleta, en el sentido que siempre nos evoca a algo más, algo que está más allá de lo representado y que, por lo tanto, en la obra sólo se encuentra iniciado. Así, el artista nos da la responsabilidad de terminar la obra con nuestra imaginación.





Por otro lado, los e-maki eran representaciones artísticas de cuentos legendarios o relatos que combinaban dibujos con textos. Estas narraciones eran colocadas en forma de pergaminos, teniendo el lector una forma secuencial y única de leer el contenido. Fue en este tipo de representación que se origina el silabario propio japonés, el Kana. Este silabario le permitía al nipón expresar de mejor forma sus emociones, sentimientos y percepciones. Uno de los mayores exponentes de los e-maki son los Cuentos de Genji (Genji Monogatari), realizados alrededor de 1330 y atribuidos a la escritora Shikibu Murasaki. Los personajes –seres humanos- que aparecen en este pergamino mantienen la simplicidad y estilización de sus formas al igual que en la pintura Yamato-e, pero pierden parte de la fluidez de sus cuerpos, notándose más rígidos. Es la representación del príncipe Genji, abarcando su vida amorosa, su papel imperial y la vida de sus hijos tras su muerte. En este pergamino, las figuras adquieren una nueva cualidad: expresan sentimientos en sus caras, en la forma de la serenidad y dignidad de rostros inmutables y planos. Estas figuras humanas muestran sus estados de ánimo a través de sus posturas; sus actividades reflejan el mundo imperial y de la corte. El aumento –aunque cuidadoso de no caer en la exageración- de detalles en los ropajes, escenarios ornamentados, los quehaceres cotidianos y la atmósfera de la alta nobleza en la representación, nos deja menos a la imaginación.





Vigencia del shibumi en el manga actual.



Hasta el momento hemos señalado tres elementos fundamentales de la estética nipona, a saber, sabi, wabi y shibumi, los cuales se han mantenido prácticamente a lo largo de toda su historia. Esto en teoría, pues estudiosos del arte nipón pueden establecer una permanencia del sentido de interioridad en su historia, pero el panorama se complica en los últimos años: la influencia del comic norteamericano en el período de post guerra ha provocado una mezcla de dos maneras diferentes de representación en el manga. Estas dos perspectivas de representación, curiosamente, no se han unificado en un estilo único, sino que se mantienen diferenciadas en cada manga. La superioridad de alguna dependerá exclusivamente del artista. Estas dos maneras de plantear las representaciones en el manga son: la deformidad emotiva y la forma realista.


Conviene definir a qué me refiero con forma realista y deforma emotiva. Por forma realista me refiero a la traducción o la imitación más semejante de las formas sensibles de los modelos. Este sentido de representación es propio de la visión occidental, a saber, la perspectiva y las proporciones heredaras de la tradición. En este aspecto se excluye cualquier manifestación de sentimientos que pudiese expulsar la forma representada. Con esto no quiero decir que este tipo de representaciones no pudiese despertar un sentimiento en nosotros, sólo que el objeto de por sí no es alterado en su forma y estructura para presentar una emoción. Por ejemplo, la representación de espacios arquitectónicos, donde se pone de manifiesto la influencia occidental, es decir, la perspectiva lineal.


Ahora bien, respecto a la definición de deformidad emotiva, primero explicaré el primer término. Por deformidad entiendo un desligamiento relativo a las proporciones y estructuras occidentales para los cuerpos, a saber, cánones de proporción y perspectiva lineal. Es una alteración de la manera habitual de representarnos los objetos que observamos, y en ello, hay una novedad y particularidad: la infinita permutación de las formas en sus innumerables alteraciones de proporciones, que en ello hay siempre una creación eterna. Por ejemplo, los ojos de los personajes femeninos, diseñados de tamaños y formas muy variadas; casi ninguno de ellos responde a una proporción asignada por la tradición, sin mencionar que constantemente se están creando nuevas de representarlos. La deformidad, a la cual me estoy refiriendo, tiene una finalidad por la que existe: la emotividad. La finalidad de la deformación de los cuerpos que se representan en los mangas está dada por una función emotiva, en vistas a la representación de ánimos a través del cuerpo. Una forma sólo será alterada en la medida que tenga que expresar un sentimiento o un estado de ánimo, así, entre más evidencie un objeto -desde una figura humana hasta objetos inertes- sus sentimientos, más deforme será su cuerpo en comparación a las proporciones tradicionales.


La forma realista se observa en el manga casi siempre como un complemento de la deformación emotiva. La primera la vamos a encontrar en el espacio que envuelven a los personajes: en la arquitectura, en la naturaleza, en los objetos con los cuales se ven enfrentados los personajes y sobre los cuales su persona no inyecta parte de su ser sensible y emotivo. Una forma realista en extremo, representada en el manga será una representación barroca, desbordada en detalles y en donde la deformidad emotiva se reducirá a su mínima expresión. En la deformidad emotiva es donde se guarece el shibumi. En ella es donde se encuentra el espíritu que ha heredado de sus antecesores y concentra el corazón del arte japonés. En la deformidad el shibui desmantela cualquier tipo de adorno y exceso de las figuras; las hace simples, frágiles y cercanas. El shibumi pone en el manga lo simple, y estilizado: su sello de reconocimiento será la emotividad que expulse desde su propia estructura la figura. La deformidad emotiva en exceso provocará un desmoronamiento de la figura, se simplifica a los trazos más elementales, sin embargo, en la misma medida se acerca más a la estética japonesa y a sus antecesores históricos. Entre más se muestre el shibui, más cercana es la relación con el arte japonés.


Por lo tanto, el lazo que establece la unión entre el arte japonés y el manga es doble: una relación histórica y una relación estética. En ambas la influencia occidental ha ido contaminando la herencia tradicional nipona, sin embargo, estéticamente los principios del arte de Japón aún se encuentran, en cierta medida, en el manga. Hoy este arte se encuentra en una tensión entre sus raíces milenarias y lo occidental, donde la última palabra la tiene el artista: continúa usando el shibumi como el pilar de sus representaciones o utiliza la perspectiva artística del comic estadounidense. Los resultados de seguro no se harán esperar: será una obra de belleza simple, económica de recursos y emotiva o, resultará una obra recargada de detalles y ostentosa en diseños.














[1] Período de la Historia japonesa que abarca desde el año 1603 hasta el 1868.





[2] Estampa japonesa hecha mediante la técnica de la xilografía entre los siglos XVII y XX.





[3] Las tramas son hojas de color blanco, negro y gris, que representan diferentes texturas que el artista utiliza para colorear





[4] Aquí entiendo no sólo las manifestaciones artísticas que se han originado a lo largo del tiempo en Japón, sino, también, la conformación de una estética propia.





[5] García Gutiérrez, Fernando. “Summa Arts, el arte del Japón.” Editorial Espasa-Calpe. Madrid, España 1967.Pág. 22.





[6] Sabi literalmente significa solitario, triste o reservado.





[7] Ibíd., Pág. 24.





[8] El barroco llegó esporádicamente a Japón desde China y Portugal, pero no tuvo mayor desarrollo, debido a que no se ajustaba al gusto japonés.





[9]Ibíd., pág. 26.





[10] Significa, literalmente, “pintura japonesa”.




miércoles, 12 de noviembre de 2008

Haikus anónimos.



Michinaga Fujiwara (藤原 道長)


La época Heian (平安時代, Heian), bajo la hegemonía de la familia Fujiwara (藤原氏), fue el esplendor de las artes en Japón. Dentro de la gama artística del pueblo nipón, se da un énfasis a la literatura y la poesía, cultivadas principalmente por la nobleza. En aquellos tiempos, Michinaga Fujiwara (藤原 道長) mandó a redactar una compilación de poemas anónimos en un libro, publicado en 905, considerándose la primera antología imperial de Japón. Esta colección de escritos tiene por nombre Kokinshu.



Si hay agua quieta


Si hay agua quieta


en el corazón mismo


del remolino,


¿por qué en tí, torbellino,


no puedo dormir nunca?



Perdí mi rumbo...


Perdí mi rumbo,


los llanos del otoño


fueron mi casa.


Insecto de la espera


taladrando el espacio.



¿ El mundo?...


¿El mundo


siempre fue así


o ahora


se ha vuelto


sólo por mí triste?



Amor


¿Quién, pues, ha dado


el primero su nombre


al Amor?


Mucho más Agonía


hubiera servido.





martes, 11 de noviembre de 2008

TERCERA VERSIÓN FIESTA DE LOS IDIOMAS

Por tercera vez consecutiva, los principales Institutos Culturales de Santiago y el Café Literario de Providencia se unen para celebrar la Tercera Fiesta de los Idiomas, un encuentro multicultural que propone un espacio de diálogo e interacción entre la comunidad chilena y los Institutos Culturales internacionales presentes en Santiago. Conciertos, espectáculos de baile, Lecturas,  clases express de idiomas,  degustaciones gastronómicas y stands informativos  son algunas de las actividades que el público asistente podrá disfrutar de manera gratuita.


Organizan: Café Literario de Providencia en conjunto con el Centro de Estudios Brasileros, Goethe Institut, Instituto Camoes, Instituto Chileno Británico de Cultura, Instituto Chileno-Chino de Cultura, Instituto Chileno Francés, Instituto Cultural Chileno Japonés y el Instituto Italiano Di Cultura Fecha: Sábado 22 de noviembre de 11:00 a 21:00 hrs. Lugar: Café Literario de Providencia (Av. Providencia 410, Parque Balmaceda, Metro Salvador) Fono: 274 06 02 Entrada liberada


viernes, 31 de octubre de 2008

De lo fragmentario e incompleto de la mirada hacia Japón.





Hace un par de semanas participé en el Noveno Concurso Nacional de Arte sobre  Japón, organizado por el Instituto Chileno-japonés, y, aunque no gané el primer lugar, mi obra fue considerada como "destacada". Entonces, bueno, pensando que fue realmente destacada y tiene algo que decir aún, dejo para ustedes unas fotos del cuadro y el respectivo ensayo que presenté para la convocatoria. Verán, después de leer el ensayo, más o menos mi punto de vista frente a la relación entre el arte occidental y el japonés. Espero que lo disfruten.






Vista completa de la obra.


La presente obra, que se titula “una mirada fragmentaria a los cerezos en primavera”, es más que la alusión a una idea tradicionalista de observación de un producto artístico, pues, presenta una serie de elementos inscritos, por el fondo, y debajo de la representación. El tramado central, objetivo primordial del trabajo, es la conformación de un puente simbólico, filosófico y estético entre la perspectiva japonesa y la mirada occidental. Por ello mismo ha sido necesario redactar este pequeño ensayo; de lo contrario, si no se tuviera a mano esta fundamentación, la lectura de mi obra sería superficial y liviana, carente de contenido y exuberante de recursos, dejando en suspensión la importancia de los conceptos e ideas aquí utilizados.


En primer lugar, dejaré en claro el problema que expongo en mi obra; problemática que no encuentra un resultado cerrado, sino, más bien, deja constancia y registro del mismo para expandirse en nuevas incursiones. Y, la cuestión es la siguiente: ¿Cómo, sin ser japonés, puedo trabajar el tema nipón en una obra artística? La pregunta se expande al momento de preguntar sobre la técnica y la articulación que se le da al asunto ¿De qué manera puedo traducir el pensamiento japonés en una obra occidental? ¿De qué manera será vista mi obra? ¿Por una similitud técnica, o una semejanza en contenido? Estas interrogantes, aunque no concientes en todos los casos, serán los pasos que todos participantes cursarán antes de presentar sus respectivas obras. Poco interesa, en este sentido, el resultado a llegar, sino que el verdadero interés se concentra en la lectura que se realiza al problema y cómo afecta a la materialidad de la obra. Ahora bien, volviendo a la pregunta formal, a saber, de la manera en que se puede trabajar el tema nipón, intentando captar su perspectiva con la tradición representacional-cultural del occidental, la respuesta que formulé es que no es posible tal objetivo bajo ningún medio productivo o reproductivo que conlleve la acción y la intención de un sujeto que no se encuentre bajo el seno de la cultura japonesa. La razón es la siguiente: técnicamente se puede copiar (reproducir) una manera de representar un motivo japonés, materialmente se produce algo semejante a una obra nipona, pero conceptualmente hay una desventaja; es un sujeto que mira desde una perspectiva situada en su entorno social-cultural, que lo limita a cierta circunscripción rígida, por lo tanto, mi situación occidental, chilena, me sitúa fuertemente en una mirada rígida y férrea que, aunque mucho esfuerzo ponga, no logra captar la sensibilidad japonesa en su totalidad. La relación es inversa; lo mismo ocurre con el japonés frente a Occidente. Entonces, dada dichas desventajas y puntos pre-constitutivos de mi obra, expongo la forma en que se produce y da una respuesta, o se postula como solución a la problemática.


La manera en que perfilo mi trabajo es, en primer lugar, no rechazar mi perspectiva occidental, y en segundo lugar, acoger una concepción japonesa en sus propios términos filosóficos y conceptuales. En relación a lo primero, no haré caso omiso al legado técnico que la tradición ha ejercido en nuestra historia artística, es decir, la manera en que la materialidad de la obra adquiere un protagonismo en la producción, y, en este sentido, la dirección ilusionista-academicista de la pintura. En cuanto al segundo, no puedo concretizar en su pureza la filosofía japonesa, pero sí trabajarla como si fuera tal. En referencia a la técnica, ocupo el pastel graso sobre papel murillo, pues, aunque es un procedimiento bastante popular y masificado, guarda una relación con mi formación tradicionalista de trabajar. Aquí, expreso la técnica y la representación más occidental: el intentar plasmar la materialidad de la naturaleza de la manera más fiel a la realidad. Pero, de aquí en adelante, la obra se transforma en una construcción en base a conceptos japoneses, que se verán concretizados en algunas partes del cuadro.


En este punto, partimos con el motivo: los cerezos. El cerezo expresa, de por sí, una connotación muy propia nipona, el sentido de fragmentariedad. No en vano, para el japonés evoca un sentido de muerte y transitoriedad de la belleza. Pues bien, es el primer punto que ocupo, un motivo cercano, técnicamente a Occidente (en cuanto paisajismo) y, a Japón, en relación con la significancia emotiva y filosófica. Por ello, la obra se refleja un gran protagonismo de los cerezos que, como pueden ver, se desparraman por el papel con dinamismo, porque, en este sentido, quiero reflejar la soltura técnica del artista japonés que ha perdurado por los siglos. Ahora bien, los cerezos, su sentido de transitoriedad, me plantean dos grandes conceptos de la estética japonesa que utilizo en la obra: el sentido de fragmentariedad, y shibumi (渋味). En referencia al primero, el más amplio y profundo de los dos, en el aspecto teórico, diré lo siguiente. En el arte japonés, existe un componente que se presenta desde los primeros tiempo, hacia ya el período Jomón (縄文時代), que consiste en buscar, de lo particular, un concepto universal. Se desarrollará esta idea con la llegada del budismo, pero que siempre se manifestará en su arte. Esta idea de fragmentariedad implica que la obra muestre su representación, pero que ésta nos evoque algo más por medio de su incompletud (vacíos y espacios en blanco) y nos remita a una meditación y funcionamiento de la aprehensión en busca de la perfección y culminación del cuadro, en términos de infinita reflexión. Por ello, mi obra, aunque deja gran protagonismo a la materialidad de los cerezos y el paisaje, es menos acabada en el reflejo del agua, no por una cuestión estética, sino, que allí se concentra la incompletud de la obra; y en ese mismo instante, nos traslada a la reflexión de la misma imagen. La consecuencia directa de este proceso estético-filosófico, es que el artista ya no obra como sujeto, no hay un yo que produce o “crea” la obra, sino, más bien, es el artista que obra como completud, como absoluto, desde su finitud para evocar la integridad y completud de la obra. Por ello, en consecuencia, yo-artista es suprimido. No hay firma. Pues, la firma, es ya una singularidad que Occidente atribuye al productor de una obra, a quien sólo por poner su nombre, contamina el cuadro en la medida que pone un condicionante frente al observador. Aquí, en mi obra, eso no existe, se busca el absoluto infinito, desde la finitud plural, sin un yo. Aunque, dicho sea de paso, como dije anteriormente, existe un sujeto que mira, una posición frente a la imagen, y por ello, existe una lectura de la obra, y se produce una actitud frente a ella (material, estética y filosófica). En cuanto al concepto de shibumi, éste implica una simplicidad de las formas, una renuncia a la belleza sensible y un despojamiento de los adornos. En este sentido, el cielo es clara muestra de ello, debido, a que es simple, sin grandes trazos, sin grandes volúmenes o, si se quiere, sin gran traducción de la realidad. En concordancia, el cielo, y los cerezos sobre el agua, nos sugiere una economía de recursos y un despojamiento de lo material y mundano.


En conclusión, lo que estoy presentando, es más de lo que aparenta materialmente, y más todavía filosóficamente. Técnicamente, y en su factura nos reconocemos como occidentales, nos sentimos agraciados en su contemplación; filosóficamente nos sentimos remitidos a otra cultura, otra estética y otra forma de mirar el mismo motivo. Se cruzan dos fragmentos, el japonés, y el local, que intentan crear un puente artístico, que si bien es simple, implica un gran compromiso del observador. Porque, de nada sirve vernos reflejados en la obra, si no somos capaces de mirar al otro lado, a Japón. De nada sirve unirnos en una misma contemplación local, si no somos capaces de contemplar lo que ve un japonés, y de nada ha servido esta obra, si nosotros, como occidentales y chilenos, no tenemos el valor ni la voluntad de conocer principios filosóficos y estéticos del país que tanto estimamos. Dejo, entonces, esta pequeña puerta para quien quiera cruzar esta fragmentariedad y desee buscar la totalidad, en el otro lado, donde está la mirada del japonés.








Detalles.































domingo, 19 de octubre de 2008

La historia de Hachiko, el perro fiel.



Foto de Hachiko.


En la entrada de la estación Shibuya (渋谷駅), en pleno centro de Tokyo (東京), se erige una singular y conmovedora estatua de bronce: un perro, sentado en sus dos patas traseras, mira hacia la entrada de la estación ferroviaria. El nombre de aquel perro es Hachiko (ハチ公), quien protagonizará una bella historia de fidelidad a comienzos del siglo XX.


Hachiko nació en 1923 en la ciudad de Odate (大館市),  perteneciente a la prefectura de Akita (秋田県).  Fue un perro de la raza Akita Inu (秋田犬), especie de can perteneciente a la parte norte de Japón. Hachiko, con tan solo dos meses de vida, es enviado a Tokyo, donde su amo,  Ueno Hidesamuro (上野 英三郎) lo esperaba. Ueno era profesor del departamento de agricultura en la Universidad de Tokyo, y obtuvo el canino para obsequiarlo a su hija, que prontamente había abandonado su hogar para ir a vivir con su pareja. Sin embargo, el profesor pronto se encariñó con Hachiko, y decidió quedarse con su cuidado. Incluso, él mismo, bautizó a su nueva mascota como Hachi,  que significa "ocho", pues, observó en las patas delanteras una leve desviación que se asemejaba a una parte del kanji que representa dicho número. Desde allí, comienza a surgir una íntima relación entre ambos, pues, todos los días Hachiko acompañaba a  Ueno hasta la estación de trenes, y, después de comprar el boleto, se despedía de su mascota para marcharse a la Universidad. Hachiko esperaba todo el día en el parque de la estación hasta que el profesor regresara, ya por la tarde. La rutina llamó la atención de los vecinos y paseantes que frecuentaban el barrio, que al poco tiempo también sintieron un gran cariño y aprecio por el can. La costumbre duró hasta el año 1925, cuando, el día 21 de mayo, después que Hidesamuro se despidiera de Hachiko, sufriría un fatal ataque cardíaco en la universidad donde impartía sus clases. Hachiko, sin entender lo sucedido, esperó la llegada de su amo por la tarde y, al ver que no llegaba, decidió quedarse allí. Su fidelidad por su amo lo mantuvo, sin importar las condiciones climáticas,  estacionales ni la persuasión de la gente, merodeando el parque y la entrada de la estación de Shibuya. Los vecinos, que ya estaban al tanto de todo, conmovidos por tal actitud, deciden contratar a un escultor para que levantara una estatua en su honor. Y así, en el año 1934, se erige una estatua en su conmemoración, que, incluso, el mismo Hachiko estuvo presente en su inauguración. El 7 de marzo de 1935, después de esperar 10 años, Hachiko fallece producto de su avanzada edad y una letal filariasis en el mismo lugar donde esperó por tanto tiempo a Ueno.


La estatua inicial fue utilizada para crear armamento durante la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, en el año 1947, nuevamente se erigió en la estación una en la memoria de tan peculiar perro. También, en la ciudad de Odate existe una estatua que representa a Hachiko con su amo, emplazada en el parque de Ueno. Actualmente, cada 8 de abril se realiza una celebración en memoria de la fidelidad de Hachiko en la plaza de la estación Shibuya.




Escultura de Hachiko en la plaza de la estación Shibuya.








domingo, 5 de octubre de 2008

La amada inconstante.

El presente cuento, titulado "la amada inconstante", pertenece a uno de los episodios del libro "Los cuentos de Ise" (伊勢物語). El libro, considerado uno de los clásicos de la literatura japonesa, problamente fue realizado en el siglo IX, durante el período Heian (平安時代). Su autor fue el poeta Ariwara no Narihira (在原業平), un hombre aristócrata con linaje real, hijo del príncipe Abo y la princesa Ito. Ariwara, junto a otros cinco poetas, son los únicos en escribir sus obras en el estilo waka (和歌); estilo que consistía en no dividir las frases en versículos o párrafos, ni tampoco utilizar rimas.





"La amada incostante" (traducción Ronald Keene, Jesús Bay y Gay).


Una vez vivía un hombre en una aldea remota. Un día anunció a su amada que iba a servir a la corte, se despidió tiernamiente de ella y partió. pasaron tres años sin que regresara, y la dama, habiéndole esperado tanto tiempo en soledad, acabó por consentir el pasar la noche con otro hombre, el cual había sido muy amable con ella. Aquella misma noche regresó su antiguo amante. Cuando éste llamó a la puerta pidiéndole que le abriese, ella respondió a través de la puerta con este poema: "Durante tres años esperé en soledad y esta misma noche precisamente otro comparte mi almohada". A lo que replicó él: "Trata, pues, de amarle tanto como yo te amé durante todos estos años". Y con este poema comenzó a alejarse; pero la dama gritó: "Sea lo que fuere, lo que sucedió o no sucedió, mi corazón sigue siendo tuyo como lo fue antes". Pero el hombre se dio la vuelta. Agobiada de pena echó tras él, más no pudo alcanzarle. En un lugar por el que corría un arroyo claro se cayó, y allí escribió en una piedra con la sangre que le corría de un dedo: "No pude detenerlo... Se fue sin dedicarme un pensamiento, y ahora he de desaparecer". Así escribió, y murió allí.




Toyo Sesshu. Período Muromachi.

sábado, 20 de septiembre de 2008

9º CONCURSO NACIONAL DE ARTE

El Instituto Cultural Chileno Japonés invita a todos los artistas nacionales y extranjeros a participar en la versión 2008 de este concurso.




Bases:
1. Tema Japón


2. Técnica Libre: acuarela, óleo, acrílico, pastel, mixta, bordado, cerámica, tapicería, escultura, etc.

3. Estilo Libre

4. Tamaño 1 mt. de ancho X 1,5 mt. de alto como medidas máximas, no hay mínimo.

5. Presentación Las obras deben venir en condiciones de ser exhibidas y al reverso la identidad del concursante:
Nombre – Dirección – Teléfono

6. N° de obras Una por técnica artística.

7. Valor inscripción $ 6.000 por obra. Los fondos recaudados son para el montaje y gastos afines a la exposición, por lo tanto no se devolverán en ningún caso.

8. Fecha de recepción 24, 25 y 26 de septiembre, en Seminario 15, Providencia, de 11:00 a 18:30 horas.

9. Fecha de devolución: Las obras no seleccionadas deberán retirarse desde el lunes 13 al viernes 20 de octubre.
Las obras expuestas deberán retirarse a partir del miércoles 21 al viernes 23 de noviembre.
Pasadas estas fechas el Instituto, podrá disponer libremente de las obras

10. Premios Honoríficos: Todos los artistas postularán a Primer, Segundo y Tercer premios y 20 menciones honrosas, acreditadas por un diploma.

11. Inauguración y premiación: Octubre 9, 19:00 horas, Biblioteca Santiago.

12. Nota: Todos los participantes se comprometen a aceptar las bases.
El Instituto no se hace responsable por situaciones fortuitas o de fuerza mayor (robo, catástrofe, etc.)

Más información: http://www.japones.cl